El neoporfirismo económico no resolverá la pobreza ni la desigualdad
Juan José Huerta
3 de noviembre 2015
El modelo globalizador
neoliberal, que se entronizó en México ya hace 30 años, ha sido incapaz de
solucionar los gravísimos problemas de pobreza y desigualdad que asolan a
nuestro país, al no considerar adecuadamente la diferencia tan grande en la
fuerza de países y empresas que compiten en el mercado internacional, cada cual
buscando la máxima utilidad para sí; mientras
en México se da un grave descuido a factores clave para participar más
equitativamente en el juego, como serían un impulso decidido al dinamismo de
las fuerzas internas, la mayor incorporación de valor nacional en la producción,
el avance tecnológico, la educación y capacitación de la fuerza de trabajo,
todo ello buscando satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de los
mexicanos, tomando en cuenta el fuerte crecimiento poblacional de nuestro país,
así como proteger apropiadamente la conservación del medio ambiente a largo
plazo.
Y mucho menos ahora es
posible lograr esos objetivos, con el modelo de gestión pública convertido en
un neoporfirismo económico, que busca convencer por todos los medios de
propaganda a su alcance los supuestos beneficios de continuar así insertos en
lo que se califica como “la libre competencia internacional”, propugnando la
menor intervención del Estado en la corrección de los desequilibrios económicos
y sociales, dejados a la libre acción de las fuerzas económicas altamente
monopolizadas, la consecuente privatización o mercantilización de un creciente
número de funciones gubernamentales, la ausencia de una política industrial
idónea t de programas efectivos de apoyo al campo y la producción agropecuaria.
En su lugar se da la confianza excesiva en
la atracción creciente de inversiones
extranjeras como factor que resolverá todo. Esgos son elementos de la ineficaz
“receta ideal” neoporfirista para corregir la pobreza y la desigualdad
crecientes.
Las magras cifras de crecimiento
económico, la aguda falta de empleo digno, los salarios raquíticos y la
informalidad imperante en muchas ocupaciones a que da lugar el neoporfirismo,
resultan naturalmente un rico caldo de cultivo para que una gran proporción de
mexicanos, jóvenes particularmente, se vean obligados a buscar las salidas
falsas que ofrecen las actividades ilícitas, lo que ha llevado a México a
niveles de violencia, crimen, delincuencia, inseguridad, y corrupción nunca
antes vistos en nuestro país. Estimulado ello también con un prohibicionismo
retrogrado respecto al uso de las drogas enervantes. Obviamente, con cientos de
miles de policías y guardias de seguridad, que en cualquier momento se ven
sometidos a muy difíciles tentaciones de reclutamiento por el crimen, de
sobornos y extorsiones, de violencia misma.
Por supuesto que la
globalización es una realidad indiscutible en el mundo actual, pero ello no
significa dejar sin defensa el aparato productivo de México ante la creciente
embestida de la competencia externa. El propio Estados Unidos, país que con su
altísima fuerza económica puede darse el lujo de ser líder en este esquema,
tiene establecidos muchos medios de defensa frente a la invasión extranjera
desleal de su mercado. Un ejemplo ilustrativo: hace unos días, la Comisión de
Comercio Internacional de ese país dictaminó que las importaciones de azúcar
desde México afectan o amenazan a los productores locales de caña y remolacha,
y sólo no aplicó impuestos a la importación de azúcar mexicana porque en
diciembre pasado México se comprometió a limitar la cantidad y precio de su
azúcar vendida a Estados Unidos.
Pero aquí dentro, la
política de apego irrestricto a la “libre competencia” provoca la perenne
invasión del mercado mexicano por productos extranjeros que fácilmente podrían
se abastecidos localmente. Pudiéndola tener fácilmente con políticas de apoyo
adecuadas, los mexicanos hemos perdido la autosuficiencia en sectores clave
como los productos energéticos y alimentarios, en los cuales contamos con una
potencialidad enorme en recursos naturales, materias primas y capacidad de
producción que no hemos sabido movilizar, en detrimento serio de la ocupación
de nuestras capacidades internas, y muy en particular de nuestra fuerza de
trabajo, sometida así a un altísimo desempleo, a salarios muy por debajo de los
mínimos de supervivencia y a la obligación de ocuparse en las más improductivas
labores de la informalidad. Productores de manzana de Chihuahua denuncian la
importación de cientos de miles de toneladas de esa fruta desde Estados Unidos
a precios rebajados (de dumping), lo que ha provocado que hayan tenido
que tirar mucha manzana por falta de mercado, tan sólo cien mil toneladas, en
2013. ¿Y por qué tenemos que depender tanto de las importaciones de millones de toneladas de
granos alimenticios para satisfacer el consumo de los mexicanos?: más de 10
millones de toneladas de maíz, (una tercera parte del consumo), 4.5 millones de
Tons. de trigo (65% del consumo), casi 900 mil Tons. de arroz (79% del
consumo), casi 4 millones de Tons. de soya (90% del consumo) (Portafolio, Reforma, 21oc15).
¡Ah!, pero el estímulo a la productividad y producción del campo se
mantiene estancado; las inversiones del gobierno federal se concentran en los
magno proyectos podemos decir suntuarios o redundantes de supercarreteras,
distribuidores viales, un nuevos aeropuerto innecesario, con un descuido total
de los micro proyectos tan importantes que serían a los campesinas mexicanos
para poder estar en condiciones de competir internacionalmente. Ítem más: “la
reforma energética aprobada durante este sexenio tuvo entre sus múltiples
puntos criticables la adopción de un modelo que preconiza el interés de los
consorcios energéticos por sobre los derechos de diversos sectores de la
población: debe recordarse que en el marco de esa modificación constitucional y
legal se aprobó la posibilidad de que las tierras particulares, comunales y
ejidales fueran expropiadas en aquellos casos en que los propietarios no
lleguen a un acuerdo con las empresas trasnacionales sobre la renta o venta de
las mismas. Además, la reforma establece que la exploración, la extracción y el
transporte de petróleo tendrán preferencia sobre cualquier otra actividad que
implique el aprovechamiento de la superficie o del subsuelo de los terrenos
afectados (“Paquete fiscal, puntilla al
campo”, La Jornada, editorial, 1no15).
En la propaganda oficial se
destaca mucho el éxito de este modelo señalando que el mismo ha permitido que nuestro país sea
líder en la exportación de manufacturas
importantes, en particular automóviles. Pero lo que por supuesto no se
menciona, es que en lo que se ha convertido a México es en un país maquilador,
que importa de otros países la mayor parte de las partes y piezas, de la
tecnología y de la administración que entran en el valor de los automóviles
exportados, por lo que es mínimo el contenido nacional incorporado en cada
unidad. Se trata del mismo esquema establecido ya desde 1965 en la industria
maquiladora en ciudades de la frontera norte de México, sin grandes avances en
la incorporación de valor nacional.
Y lo peor es que ese modelo
se está reproduciendo ahora en el remate internacional a que se ha sometido a
la industria energética del país, en cuyos proyectos se establecen metas
mínimas de contenido nacional ¡a plazos de 10 años!, como lo comenta George Baker
respecto a reciente Panel de Energía de la Sociedad de Ingenieros (“Contenido
nacional”, Milenio, 12oc15). Incluso hay una puerta de entrada para que las propuestas Zonas
Económicas Especiales “se conviertan en grandes regiones maquiladoras de mano de
obra muy barata” (Artículo “Zonas económicas: beneficios ¿para quién?”, José
Luis de la Cruz Gallegos, El Universal, 3no15)
Un nuevo proyecto de
política industrial seguirá así en la lista de espera indefinidamente. Según
una información que da risa, pero que refleja la percepción que tenemos en
México al respecto, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi),
al definir como “manufactura” la elaboración de pan y tortillas, registra en
los Censos Económicos de 2014 a estas actividades como las más numerosas en el
aparato productivo nacional, seguidas de las herrerías (nota de Frida Andrade, Reforma,
2nov15).
Y luego, frente a las
inmensas ganancias de los grandes conglomerados económicos nacionales y
extranjeros en México, que nada garantiza que buscarán redistribuir para
fortalecer el nivel de vida de la población y el mercado mexicanos, y la
correspondiente debilidad relativa de los ingresos y finanzas del gobierno federal
(con un endeudamiento que ya llega a casi 8 billones –millones de millones-- de
pesos) y la quiebra de sus empresas, como Pemex y CFE, emblemáticamente; frente
a esas tistes realidades, decimos, la administración federal toma la salida
fácil de privatizar, “subrogar”, mercantilizar, un creciente número de sus
funciones públicas; como ejemplo más vistoso las del sector energía, pero
también servicios médicos del IMSS e ISSSTE, pensiones de empleados públicos.
Y, claro, la mano libre que se deja a los contratistas privados de los macro
proyectos, empezando por la asignación directa, los costos inflados, la
fijación de tarifas de servicios…
Y tenemos que fijar también
la atención en los perniciosos efectos que el esquema neoliberal está
provocando en la conservación de nuestro territorio, de nuestro medio ambiente,
de comunidades y pueblos a todo lo ancho de la nación.
Me parece que estos son
límites que el pueblo mexicano no debe dejar que se sobrepasen, en beneficio de
todos los diferentes sectores y clases sociales en nuestro país, e incluso de
los países que son los principales socios de México. Estamos hablando de la
supervivencia de la estabilidad, la paz, la libertad, la seguridad y la
sustentabilidad ambiental de nuestro maravilloso país.
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