martes, 3 de noviembre de 2015

El neoporfirismo económico no resolverá la pobreza ni la desigualdad


El neoporfirismo económico no resolverá la pobreza ni la desigualdad

 

Juan José Huerta

3 de noviembre 2015

 

El modelo globalizador neoliberal, que se entronizó en México ya hace 30 años, ha sido incapaz de solucionar los gravísimos problemas de pobreza y desigualdad que asolan a nuestro país, al no considerar adecuadamente la diferencia tan grande en la fuerza de países y empresas que compiten en el mercado internacional, cada cual buscando la  máxima utilidad para sí; mientras en México se da un grave descuido a factores clave para participar más equitativamente en el juego, como serían un impulso decidido al dinamismo de las fuerzas internas, la mayor incorporación de valor nacional en la producción, el avance tecnológico, la educación y capacitación de la fuerza de trabajo, todo ello buscando satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de los mexicanos, tomando en cuenta el fuerte crecimiento poblacional de nuestro país, así como proteger apropiadamente la conservación del medio ambiente a largo plazo.

 

Y mucho menos ahora es posible lograr esos objetivos, con el modelo de gestión pública convertido en un neoporfirismo económico, que busca convencer por todos los medios de propaganda a su alcance los supuestos beneficios de continuar así insertos en lo que se califica como “la libre competencia internacional”, propugnando la menor intervención del Estado en la corrección de los desequilibrios económicos y sociales, dejados a la libre acción de las fuerzas económicas altamente monopolizadas, la consecuente privatización o mercantilización de un creciente número de funciones gubernamentales, la ausencia de una política industrial idónea t de programas efectivos de apoyo al campo y la producción agropecuaria. En su lugar se da la confianza  excesiva en la atracción creciente de  inversiones extranjeras como factor que resolverá todo. Esgos son elementos de la ineficaz “receta ideal” neoporfirista para corregir la pobreza y la desigualdad crecientes.

 

Las magras cifras de crecimiento económico, la aguda falta de empleo digno, los salarios raquíticos y la informalidad imperante en muchas ocupaciones a que da lugar el neoporfirismo, resultan naturalmente un rico caldo de cultivo para que una gran proporción de mexicanos, jóvenes particularmente, se vean obligados a buscar las salidas falsas que ofrecen las actividades ilícitas, lo que ha llevado a México a niveles de violencia, crimen, delincuencia, inseguridad, y corrupción nunca antes vistos en nuestro país. Estimulado ello también con un prohibicionismo retrogrado respecto al uso de las drogas enervantes. Obviamente, con cientos de miles de policías y guardias de seguridad, que en cualquier momento se ven sometidos a muy difíciles tentaciones de reclutamiento por el crimen, de sobornos y extorsiones, de violencia misma.

 

Por supuesto que la globalización es una realidad indiscutible en el mundo actual, pero ello no significa dejar sin defensa el aparato productivo de México ante la creciente embestida de la competencia externa. El propio Estados Unidos, país que con su altísima fuerza económica puede darse el lujo de ser líder en este esquema, tiene establecidos muchos medios de defensa frente a la invasión extranjera desleal de su mercado. Un ejemplo ilustrativo: hace unos días, la Comisión de Comercio Internacional de ese país dictaminó que las importaciones de azúcar desde México afectan o amenazan a los productores locales de caña y remolacha, y sólo no aplicó impuestos a la importación de azúcar mexicana porque en diciembre pasado México se comprometió a limitar la cantidad y precio de su azúcar vendida a Estados Unidos.

 

Pero aquí dentro, la política de apego irrestricto a la “libre competencia” provoca la perenne invasión del mercado mexicano por productos extranjeros que fácilmente podrían se abastecidos localmente. Pudiéndola tener fácilmente con políticas de apoyo adecuadas, los mexicanos hemos perdido la autosuficiencia en sectores clave como los productos energéticos y alimentarios, en los cuales contamos con una potencialidad enorme en recursos naturales, materias primas y capacidad de producción que no hemos sabido movilizar, en detrimento serio de la ocupación de nuestras capacidades internas, y muy en particular de nuestra fuerza de trabajo, sometida así a un altísimo desempleo, a salarios muy por debajo de los mínimos de supervivencia y a la obligación de ocuparse en las más improductivas labores de la informalidad. Productores de manzana de Chihuahua denuncian la importación de cientos de miles de toneladas de esa fruta desde Estados Unidos a precios rebajados (de dumping), lo que ha provocado que hayan tenido que tirar mucha manzana por falta de mercado, tan sólo cien mil toneladas, en 2013. ¿Y por qué tenemos que depender tanto de las  importaciones de millones de toneladas de granos alimenticios para satisfacer el consumo de los mexicanos?: más de 10 millones de toneladas de maíz, (una tercera parte del consumo), 4.5 millones de Tons. de trigo (65% del consumo), casi 900 mil Tons. de arroz (79% del consumo), casi 4 millones de Tons. de soya (90% del consumo)  (Portafolio, Reforma, 21oc15).

¡Ah!, pero el estímulo a la productividad y producción del campo se mantiene estancado; las inversiones del gobierno federal se concentran en los magno proyectos podemos decir suntuarios o redundantes de supercarreteras, distribuidores viales, un nuevos aeropuerto innecesario, con un descuido total de los micro proyectos tan importantes que serían a los campesinas mexicanos para poder estar en condiciones de competir internacionalmente. Ítem más: “la reforma energética aprobada durante este sexenio tuvo entre sus múltiples puntos criticables la adopción de un modelo que preconiza el interés de los consorcios energéticos por sobre los derechos de diversos sectores de la población: debe recordarse que en el marco de esa modificación constitucional y legal se aprobó la posibilidad de que las tierras particulares, comunales y ejidales fueran expropiadas en aquellos casos en que los propietarios no lleguen a un acuerdo con las empresas trasnacionales sobre la renta o venta de las mismas. Además, la reforma establece que la exploración, la extracción y el transporte de petróleo tendrán preferencia sobre cualquier otra actividad que implique el aprovechamiento de la superficie o del subsuelo de los terrenos afectados  (“Paquete fiscal, puntilla al campo”, La Jornada, editorial, 1no15).

En la propaganda oficial se destaca mucho el éxito de este modelo señalando que  el mismo ha permitido que nuestro país sea líder en la exportación de manufacturas  importantes, en particular automóviles. Pero lo que por supuesto no se menciona, es que en lo que se ha convertido a México es en un país maquilador, que importa de otros países la mayor parte de las partes y piezas, de la tecnología y de la administración que entran en el valor de los automóviles exportados, por lo que es mínimo el contenido nacional incorporado en cada unidad. Se trata del mismo esquema establecido ya desde 1965 en la industria maquiladora en ciudades de la frontera norte de México, sin grandes avances en la incorporación de valor nacional.

 

Y lo peor es que ese modelo se está reproduciendo ahora en el remate internacional a que se ha sometido a la industria energética del país, en cuyos proyectos se establecen metas mínimas de contenido nacional ¡a plazos de 10 años!, como lo comenta George Baker respecto a reciente Panel de Energía de la Sociedad de Ingenieros (“Contenido nacional”, Milenio, 12oc15). Incluso hay una  puerta de entrada para que las propuestas Zonas Económicas Especiales “se conviertan en grandes regiones maquiladoras de mano de obra muy barata” (Artículo “Zonas económicas: beneficios ¿para quién?”, José Luis de la Cruz Gallegos, El Universal, 3no15)

 

Un nuevo proyecto de política industrial seguirá así en la lista de espera indefinidamente. Según una información que da risa, pero que refleja la percepción que tenemos en México al respecto, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al definir como “manufactura” la elaboración de pan y tortillas, registra en los Censos Económicos de 2014 a estas actividades como las más numerosas en el aparato productivo nacional, seguidas de las herrerías (nota de Frida Andrade, Reforma, 2nov15).

 

Y luego, frente a las inmensas ganancias de los grandes conglomerados económicos nacionales y extranjeros en México, que nada garantiza que buscarán redistribuir para fortalecer el nivel de vida de la población y el mercado mexicanos, y la correspondiente debilidad relativa de los ingresos y finanzas del gobierno federal (con un endeudamiento que ya llega a casi 8 billones –millones de millones-- de pesos) y la quiebra de sus empresas, como Pemex y CFE, emblemáticamente; frente a esas tistes realidades, decimos, la administración federal toma la salida fácil de privatizar, “subrogar”, mercantilizar, un creciente número de sus funciones públicas; como ejemplo más vistoso las del sector energía, pero también servicios médicos del IMSS e ISSSTE, pensiones de empleados públicos. Y, claro, la mano libre que se deja a los contratistas privados de los macro proyectos, empezando por la asignación directa, los costos inflados, la fijación de tarifas de servicios…

 

Y tenemos que fijar también la atención en los perniciosos efectos que el esquema neoliberal está provocando en la conservación de nuestro territorio, de nuestro medio ambiente, de comunidades y pueblos a todo lo ancho de la nación.

 

Me parece que estos son límites que el pueblo mexicano no debe dejar que se sobrepasen, en beneficio de todos los diferentes sectores y clases sociales en nuestro país, e incluso de los países que son los principales socios de México. Estamos hablando de la supervivencia de la estabilidad, la paz, la libertad, la seguridad y la sustentabilidad ambiental de nuestro maravilloso país.

 

 

viernes, 16 de octubre de 2015


Política medioambiental en el DF

Juan José Huerta

16 de octubre 2015

 

Con gran aparato publicitario, como es su objetivo presidencialista, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, realizó del 8 al 10 de octubre una gira de trabajo a Washington para participar en diversos foros internacionales relacionados con la sustentabilidad medioambiental, entre ellos el titulado “El reto de las megaciudades”, organizado por el Consejo Atlántico de esa ciudad, y luego el panel "Nuestras ciudades, nuestro clima", organizado por el Departamento de Estado y organizaciones filantrópicas estadounidenses. Sostuvo también, en la Casa Blanca, una reunión de trabajo sobre esos temas con miembros del staff del Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden.

 

Aunque reconociendo las dificultades para hacerlo en una capital que “creció de manera desordenada” y que tiene 5 millones de vehículos, el jefe de gobierno del DF presumió en esos encuentros los modestos programas establecidos en esta capital para combatir la contaminación ambiental; mencionó en particular el sistema Ecobici que cuenta con 6 mil 500 bicicletas, las líneas del  Metrobús y las intenciones de sustituir entre 12 y 15 mil vehículos de transporte público contaminantes.

 

No pudo decir más porque realmente la ciudad de México y su gobierno andan muy fallos en esta materia de sustentabilidad medioambiental, como lo muestran unos cuantos ejemplos.

 

Para empezar, el proyecto de sustitución de vehículos de transporte público contaminantes está demostrando ampliamente que en la ciudad de México del dicho al hecho hay mucho trecho, ya que a pesar del largo tiempo transcurrido desde su anuncio sigue siendo altísima la proporción de autobuses y microbuses en evidente mal estado de operación que siguen circulando anárquicamente por toda la ciudad sin ser reemplazados, contaminando sin freno el aire.

 

Anárquicamente, si, pues ni siquiera se pone en ejecución una medida administrativa mucho más simple pero que mitigaría sensiblemente la contaminación atmosférica y de otro tipo causada por el transporte público en esta capital: que todos esos vehículos respetaran las paradas establecidas para subir y bajar pasaje, y no que lo sigan haciendo como actualmente, parando donde se le antoja o se le hace más fácil al pasajero o al chofer. Con esta práctica todos salimos perdiendo: el vehículo tiene que frenar y arrancar muchas más veces, con mayor gasto de combustible, mayor desgaste de la máquina, más contaminación al ambiente, aumento en el tiempo de traslado y en el esfuerzo físico del propio chofer. Lo que se ganaría es mucho haciendo respetar las paradas establecidas. Y también que no hicieran “base”, o terminal, donde se les ocurre frecuentemente en las avenidas de mayor circulación en sus rutas.

 

Agréguese al desorden de las paradas al gusto la continuación de otro serio problema muy característico de esta ciudad: los “topes”. Y aquí me cito yo mismo, de un artículo periodístico de hace algunos años (“Los topes, en la vida urbana y nacional”, La Crónica, 7 de enero 2008): “Calles, avenidas, autopistas se construyen con grandes esfuerzos para facilitar el transporte, el tránsito de vehículos, y, ¿qué pasa?: de inmediato cada quien busca utilizar la obra para su ventaja: el automovilista para acelerar indiscriminadamente y el residente a poner obstáculos para evitar ese abuso, o muchas veces por simple reflejo condicionado: 100 topes por colonia, peligrosísimos topes en carreteras y aun en autopistas; topes combinados con semáforo que marca el alto, topes que son zanjas, ¡topes aun en calles empedradas! Consecuencias: desgaste mayor y descompostura de vehículos, accidentes, mayor consumo de gasolina, contaminación aumentada por tantas paradas y arranques (éstos, “generan emisiones de gases llamados de alto-arranque múltiple”, dice René Drucker), sufrimiento de nuestras respectivas columnas vertebrales; y no es broma, en breve tiempo será cada vez mayor la proporción de choferes o viajeros que presenten algún tipo de compresión en los discos de la columna vertebral.

 

También ya hace bastante tiempo que el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera ofreció una solución respecto a estos estorbos universales en la ciudad, pero el tiempo pasa y los topes se siguen multiplicando impunemente.

 

Y no detallemos aquí otras graves manifestaciones de la falta de una política urbana eficaz y sustentable en la ciudad de México: por un lado, la activa proliferación de baches en las calles: hoyos grandes y chicos y coladeras sin tapa, peligros diarios para vehículos y transeúntes. Por el otro el que la ciudad esté estancada con el manejo muy poco técnico del flujo de tránsito de 5 millones de vehículos. Por supuesto, todas estas áreas serían un magnífico campo de aplicación, sin tanto gasto, de una política urbana apropiada.

 

Que tampoco aplica en cuanto a basura, desechos sólidos, líquidos y gaseosos. Muchas veces, al realizar nuestras actividades diarias, reflexionamos sobre las mejores maneras que tendríamos de disponer adecuadamente de la basura que producimos, con el objetivo de causar el menor daño al medio ambiente en el largo plazo. Pero falta mucho todavía para que esas reflexiones lógicas se conviertan en lineamientos generales que toda la gente conozca bien y los lleve a cabo regularmente. Y lo mismo para que las autoridades responsables hagan la importante parte que al respecto les corresponde en el desarrollo de la infraestructura necesaria para su observancia.

 

De entrada, separar bien los desechos de acuerdo a su tipo: los sólidos separados en a) orgánicos, b) plásticos, c) papeles y cartones, d) vidrios y cristales, d) desechos metálicos. Esto no siempre es fácil, pues muchas veces se encuentran unidos: los alimentos (orgánicos) con sus envolturas plásticas o de papel, o con recipientes de vidrio o metálicos. Periódicos, revistas o documentos con grapas, alambres o broches de archivo de metal. Se nos hace fácil el tirar los aceites y grasas líquidas a los caños o drenajes; y lo mismo las pinturas o los solventes con que se lavan brochas y utensilios al pintar casas; o los aceites que se cambian a motores de coches. Así contaminamos fuertemente las aguas de los drenajes o de los arroyos y ríos. Si no es que los terrenos baldíos en los que los tiramos.

 

En cuanto a los desechos gaseosos, además de los producidos por los vehículos de combustión interna como los coches y autobuses, hay otras muchas fuentes: estufas y calentadores en cocinas y baños de casas y negocios, ya sea alimentados con gas, petróleo, leña o carbón; los polvos que se levantan al barrer calles, jardines, casas; al pintar con pistolas de aire.

 

Esencial es también, por supuesto, que el gobierno de la ciudad opere amplia y eficazmente los controles adecuados para la disposición sustentable de los desechos de manufacturas, operaciones fabriles, agrícolas y de servicios de todo tipo, evitando el tan común y dañino manejo inescrupuloso por sus operadores o dueños. Que tampoco arroje el problema a otras localidades aledañas a la ciudad, al localizar en ellas sus basureros y plantas de acopio o reciclamiento.

 

Abastecimiento del agua y su uso eficiente. La ciudad de México, a una altura de más de 2 200 metros sobre el nivel del mar tiene una precipitación pluvial que por siglos fue suficiente para alimentar mantos subterráneos y lagos superficiales que satisfacían las necesidades de consumo humano y animal durante todo el año y la conservación del verde del Valle de México. El crecimiento demográfico en esta área y las políticas erróneas que lo han acompañado, como el disecado artificial de los lagos, la sobreexplotación de los mantos freáticos, el cegado indiscriminado de las superficies para alimentarlos, y notables fallas en el ahorro del vital líquido, llevaron a la necesidad de traer el agua de fuentes lejanas para satisfacer las necesidades de la metrópoli, primero el Río Lerma y luego el Cutzamala, que de todas maneras no dejan de ser soluciones temporales.

 

Con el agravante de que esas políticas, irracionales como son, se continúan aun en esta era en que ya se conocen sus perniciosos efectos, lo que está poniendo a la capital y a sus habitantes en un grave riesgo de abastecimiento del precioso líquido. Se están dejando muy atrás las soluciones sustentables: promover el ahorro y uso eficiente del agua a todos los niveles, en casas, fábricas y empresas de todo tipo, usar menos agua para cada necesidad, no contaminarla al exceso innecesariamente, reciclarla en todo lo posible localmente. Usar todos los medios a la disposición para aprovechar el agua de lluvia que en muy buenas cantidades cae en la ciudad.

 

Como es lógico, en todas estas acciones es esencial la función primordial del gobierno de la ciudad en sentar las bases y los procedimientos para orientar las acciones de todos, y en realizar oportunamente el adecuado diseño, la construcción y operación de los proyectos de infraestructura pública indispensables para conseguir los objetivos del mejor aprovechamiento del agua en este Valle de México: estaciones de aprovechamiento del agua de lluvia, drenajes adecuados, plantas de tratamiento de sus aguas de desecho.

 

¿Está la política urbana aplicada en la ciudad de México en materia de sustentabilidad a la altura de los enormes retos que se presentan? Difícilmente con el limitado enfoque actual en su análisis, su descuido de los aspectos técnicos de avanzada de la política urbana, y la modalidad de la privatización de estas funciones de gobierno, que el GDF está poniendo tan de moda al concesionarlas a particulares en magnoproyectos de miles de millones de pesos que abarcan desde su diseño, su operación y mantenimiento a largo plazo. Un ejemplo clásico de esto será la locura medioambiental, centralista y financiera del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México, que contra todo buen criterio se está empujando adelante por el gobierno federal y el de esta capital.

 

No es tarea sencilla dotar al DF de infraestructura, dice el Jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera. Claro que no, pero menos aún si los recursos financieros y técnicos muy escasos a la disposición del gobierno del Distrito Federal se dedican en amplísimas proporciones a políticas populistas, que llaman de desarrollo del “capital social”, tarea que en el fondo correspondería a las propias empresas privadas que hacen muy redituables negocios en la ciudad y que debieran pagar a sus trabajadores salarios dignos y prestaciones adecuadas, en tanto que al gobierno del Distrito Federal sólo correspondería aplicar una tarea subsidiaria auxiliar en las fallas de la política laboral.

 

Y, claro, menos se puede ahora cuando grandes recursos presupuestales, incluida una gran propaganda oficial, se aplican a atraer votantes a favor del Jefe de Gobierno para las elecciones presidenciales del 2018.

 

 

jueves, 3 de septiembre de 2015


Sí, Informe:  no da forma a la Nación


Juan José Huerta

3 de septiembre 2015.

Primera parte

Como era de temerse, o esperarse, el Tercer Informe de, presidente Peña Nieto se concretó a ser un largo y farragoso recuento de los supuestos logros de su gobierno en los 5 objetivos que destacó para nuestro país: un México en paz, incluyente, con educación de calidad, con responsabilidad global y próspero. Con medias verdades, informaciones y cifras contradictorias o engañosas(como lo muestra un interesante y muy elaborado ejercicio de análisis del Informe mostrado en el sitio www.animalpolitico.com ) el Informe va en contraposición directa a muchos aspectos de una lamentable realidad en México: bajísimo crecimiento económico, falta de empleo digno para nuestra gran fuerza de trabajo, con salarios justos y prestaciones, persistencia de la pobreza y la desigualdad económica y social, inseguridad, deficiente estructura de nuestra democracia, serio deterioro de los valores humanos y culturales, altos niveles de corrupción. Todas estas fallas llevan a la convicción arraigada ya desde hace tiempo entre una alta proporción de mexicanos de que el gobierno de Peña Nieto está siendo incapaz de orientar el rumbo de México para lograr el sitio que nuestro país merece. Así, su Informe no da forma a México como la gran Nación que debiera ser, tanto para todos los mexicanos como en el concierto internacional.

 

Habló el presidente de un “cambio de modelo”, pero su Informe está dedicado a ratificar inercialmente la política seguida en sus casi tres años de gobierno, con el objetivo principal de consolidar su proyecto de “reformas estructurales”, encuadradas con firmeza en la visión neoliberal que precisamente desconfía de las importantes facultades que los gobiernos deben ejercer para enmendar los desequilibrios y daños en la operación de los sistemas vigentes en la vida económica, social y política de un país, ajuste que se prefiere dejar a las libres fuerzas del mercado y a la mínima intervención del gobierno.

 

Así, en su Informe el presidente Peña Nieto reafirma “el compromiso del país con el libre comercio, la movilidad de capitales y la integración productiva”, e igualmente con el incremento la participación, y por ende la orientación, de los intereses económicos privados, ya no tan sólo en la explotación de los recursos que la historia de México había puesto al cuidado del Estado para lograr la justicia social, como los recursos petroleros o las tierras ejidales y comunitarias, sino en muchas de las esferas de la acción gubernamental, como los proyectos de infraestructura “en diversos sectores, incluido el energético” (¡y aún el educativo!), con la insistencia de fortalecer las “Asociaciones Público Privadas”, crear dos nuevos instrumentos financieros: Fibra E y Certificados de Proyectos de Inversión, emitir bonos educativos en la Bolsa Mexicana de Valores. Sí, es la insistencia en el esquema de debilitar las finanzas gubernamentales y de las empresas paraestatales, para luego trasferir muchas de sus operaciones a los entes privados, nacionales y extranjeros, con los supuestos propósitos de incrementar las inversiones y su productividad, sin tomar en cuenta que si esto se logra, el provecho, los beneficios van a quedar principalmente, como es natural, en manos privadas, incrementando la desigualdad del sistema económico y social como se ha estado demostrando en muchos casos actuales, en México y en otros países… (Continuará).

martes, 25 de agosto de 2015

Voy derecho y no me quito


Voy derecho y no me quito

Juan José Huerta

La Bolsa Mexicana de Valores se desploma, el peso sigue su devaluación acelerada, se encarecen las importaciones y los intereses de la deuda externa, el precio de la mezcla del petróleo exportado llega a niveles mínimos de menos de 34 dólares el barril; hemos perdido la autosuficiencia alimentaria pues importamos 20 millones de toneladas de granos alimenticios. Pero esta grave coyuntura económica por la que atraviesa nuestro país no está teniendo la reacción de política pública eficaz y urgente que se requiere, y que amplios sectores de la sociedad mexicana, inclusive las grandes asociaciones empresariales, como la Canacintra, la Concamín y la Coparmex, ya están reclamando, dados los perniciosos efectos del estancamiento y la crisis económica sobre los ya de por sí inaceptables niveles de pobreza, desigualdad económica y social e inseguridad prevalecientes actualmente en México. Estas organizaciones empresariales abogan, justamente, por una política económica expansionista, ¡¡algo no antes visto!!



Pero, ¿qué es lo que es lo que argumenta el secretario de Hacienda Luis Videgaray con adornados datos y medias verdades que ocultan la triste realidad? Basado en la cifra disponible del segundo trimestre del año, afirma que la economía mexicana está creciendo más que el año pasado, para concluir triunfantemente “porque el mercado interno, y esto es algo muy importante, el mercado interno está teniendo un mejor desempeño de lo que los analistas proyectaban… porque está creciendo el empleo, porque están creciendo los salarios reales, y algo muy importante, tenemos la inflación más baja en décadas, desde 1967 no teníamos una inflación tan baja como la que se ha visto este año ¿Y eso a quién beneficia? Eso beneficia al bolsillo de las familias mexicanas”. Pero no parece haber mucha convicción en esas afirmaciones, pues el secretario Videgaray ha tenido que reconocer las dificultades que se visualizan en el paquete económico para el 2016, cuyo proyecto está por presentar a los diputados: "la estimación que habremos de presentarles a ustedes en el paquete económico no la hemos determinado todavía, pero como hemos puesto ahí, hay una presión evidente hacia un menor crecimiento". Seguiremos pues con el estancamiento de las últimas décadas, digo yo.



El propio presidente Enrique Peña Nieto había hecho unos días antes una polémica declaración en el sentido de que “la depreciación del peso frente al dólar genera cierto escozor entre la gente, pero también es positiva, pues da al país condiciones de mayor competitividad, lo hace más atractivo y promueve el turismo”. Con la misma optimista visión, y contra los datos duros de la realidad y las percepciones de una amplia mayoría de mexicanos, anticipó la confianza de Videgaray, al decir que “las cifras muestran que se ha incrementado el empleo, la inflación es de las más bajas y el consumo interno ha aumentado”, con lo cual “México es de los países que han salido mejor librados del difícil entorno económico mundial”.



La mayor competitividad argüida es simplemente el abaratamiento de las remuneraciones a los factores internos de la producción, porque a los compradores extranjeros le salen más baratos los productos mexicanos que adquieren, dada la fuerte devaluación del peso, que a ritmo anual ya se eleva a un 30 por ciento, devaluación que no logran parar las masivas subastas de dólares por parte del Banco de México, que en 3 semanas llegan ya a más de 5000 millones de dólares. Es decir, si la devaluación promueve las exportaciones es porque los productos que se exportan se venden más baratos en proporción a la depreciación de la moneda nacional.



De esta suerte, si de por sí ya está en México muy castigada la remuneración del factor trabajo, la devaluación agudiza el castigo a los salarios, pues también salen más caros los muchísimos productos de consumo que importamos, o sus insumos o partes o piezas, pues así lo determina la política neoliberal imperante y la falta de una política industrial que fomente el abastecimiento por empresas del país de productos hechos en México, con el fin de estimular el empleo y el mercado interno. Se ha preferido que sea “el mercado libre” el que logre esos objetivos, cuando se ha demostrado ampliamente, a nivel internacional, que lo que provoca esa política es el crecimiento…de la desigualdad.



Hay una gran baja en el precio internacional del petróleo… pero aquí ya habíamos escogido la peor combinación en el cuidado de esa importante industria: por un lado, no se mantuvo el nivel de producción de petróleo crudo, que bajo de 3.3 millones de barriles diarios en 2003 a 2.262 mbd en 2015; por el otro, desalentamos la transformación del petróleo crudo en gasolinas y otros productos con mucho mayor valor agregado nacional, y ahora el sector energético lo estamos rematando al extranjero. Claro, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, asegura que la caída en los precios internacionales del petróleo no pone en riesgo la reforma energética, ¡facilita el remate¡



Se afirma que aumentó el empleo en México, contra todas las evidencias reales del altísimo grado de desempleo y subempleo prevalecientes y de la problemática en que al respecto se encuentra México. Los funcionarios optimistas aducen que aumenta la ocupación con base en cifras del ligero incremento en la tasa de empleo formal, con los esfuerzos recientes de incorporación a la formalidad de una pequeña proporción de la gran masa de trabajadores informales, que llega a 29.1 millones de personas casi un 60% de los trabajadores ocupados. Se ve pues que el gran desempleo global sigue prevaleciendo en México.



Algo del alza de precios que se visualiza por importación de productos más caros dada la devaluación del peso será absorbida por las empresas importadoras, pero no lo principal, pues los consumidores no tendrán mecanismos de negociación para evitar precios más caros de los productos que consuman. Además, claro, que hay que esperar el impacto señalado en los aumentos de precios y costos por un dólar más caro, no tan sólo en la compra de productos extranjeros, sino en muchos otros rubros, por ejemplo, el pago de intereses de las deudas públicas y privadas contratadas en otros países. Tan sólo en el primer semestre de este año aumentó en 17.27 por ciento el pago de intereses de la deuda externa del gobierno federal respecto al mismo período del año pasado. Y falta el trancazo de la devaluación del peso en este semestre.



Pero se arguye también que la inflación es la más baja desde 1967. Aquí hay dudas válidas de muchas jefas de familia que van al mercado y experimentan los sensibles aumentos de precio de muchos productos y servicios de la canasta básica: ¿está bien calculado el índice de inflación? Sí, el INEGI está haciendo un gran servicio al país al señalar los graves niveles de desigualdad y de pobreza en México, pero ¿no habría que revisar ya su cálculo de los bajos niveles  de inflación que reporta?



Vale la pena comentar que el único alto funcionario federal que medio advirtió sobre el riesgo de una burbuja inflacionaria en lo que resta del año fue el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, quien también expresó que “ante ese escenario, el 2016 va a ser un año difícil económicamente”, aunque señaló igualmente que “el país cuenta con reservas internacionales sólidas, una plataforma exportadora y medidas tomadas desde febrero de este año en el ámbito de fortalecer el salario mínimo, a fin de fortalecer el mercado interno”. Días antes, el director del Banco de México, Agustín Carstens, había destacado el estancamiento en que se encuentra la economía mexicana, al anunciar que Banxico redujo por cuarta ocasión consecutiva la previsión sobre el crecimiento la economía para 2015, en un rango de 1.7 a 2.5 por ciento, medio punto porcentual menos de su pronóstico previo. Anunció también que había la posibilidad de que el Banco de México incrementara su tasa de interés de referencia, actualmente en 3 por ciento anual, si la devaluación del peso afectase al alza las expectativas de inflación.



Todos los efectos negativos del entorno económico internacional se agudizan por la política y estrategia económicas del gobierno federal, que se insiste en no modificar, de continuar la  dependencia de la economía mexicana de las fuerzas del exterior, con base en los supuestos beneficios de un “libre mercado”, dominado obviamente por superlativas fuerzas económicas internacionales. Es increíble la insistencia con que se trata de presentar a México como un destino seguro y atractivo para el capital externo, apelando excesivamente a la enajenación creciente de los activos nacionales en favor de las inversiones extranjeras… que obviamente siempre tienen que ganar… aumentando su participación en la estructura económica del país pero con los recursos aquí generados. Por supuesto, México no puede ni debe estar aislado de las corrientes económicas internacionales, en este mundo globalizado y al lado de la mayor potencia económica del planeta. Pero ello no obliga a que el país se deshaga de todos los medios y procedimientos de defensa que el propio sistema admite, ni que sigamos con obnubilación un modelo y una estrategia de desarrollo claramente en contra de los principales intereses nacionales.



Se requiere establecer ya, una política de fomento al esfuerzo nacional, que impulse la generación de recursos públicos y privados para dinamizar las fuerzas internas del trabajo y del capital nacional, de la ciencia y la tecnología generadas en el país, del apoyo al desarrollo del campo mexicano, la transformación interna de las materias primas que producimos; la mayor valoración de la fuerza de trabajo mexicana, de la potencialidad nacional de comunidades, de ciudadanos, asegurándoles un trabajo digno, su salud, su educación.



¿Y de dónde va a sacar el gobierno los fondos para el estímulo a todos estos factores del esfuerzo nacional? De la infinidad de fuentes de gasto superfluo o improductivo que persisten en el presupuesto nacional: propaganda de todo tipo, proyectos elefantiásicos y redundantes, incluso de infraestructura, que en muchos casos son medios para desviar recursos públicos de mejores fines. ¿No hubiera mucho más conveniente al interés nacional que la “reducción enorme de los ingresos petroleros” (Videgaray dixit) se hubiera compensado con una cobertura o seguro petrolero financiado por un Fondo de Estabilización mantenido en México con suficientes recursos para cubrir las eventuales bajas de precios del crudo? De esta forma, las primas del seguro, de decenas de miles de millones de pesos, hubieran quedado en poder nacional.



En fin, medidas de una mayor eficiencia de gestión y, por supuesto, de esfuerzos más serios para eliminar las múltiples facetas de la corrupción, el mal uso de los fondos públicos y los conflictos de intereses.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Sí, es urgente una moratoria urbana

Como pide un número cada día creciente de habitantes de esta ciudad, es urgente una moratoria a los macro proyectos patrocinados por el Gobierno del Distrito Federal que desfiguran aún más la habitabilidad, la calidad de vida y la imagen de esta ciudad, sin apego a ningún plan de desarrollo urbano sustentable sino al sólo interés de los desarrolladores inmobiliarios.
Retomando tareas. 19 de agosto 2015.