lunes, 21 de julio de 2008

Romper los candados

La Crónica. Viernes 18 de julio de 2008
Un libro reciente trata de explicar por qué aun en las democracias se escogen malas políticas (The Myth of the Rational Voter, Bryan Caplan, Princeton University Press, 2007). Sucede que si bien en las democracias “los votantes típicamente favorecen las políticas que ellos perciben de interés para su nación, esto no es causa de optimismo democrático”, ya que los electores no disciernen si lo que les presentan los políticos es efectivamente de interés general, y así los políticos tienen un fuerte incentivo a hacer o proponer lo que es popular, pero con muy poco interés en los resultados. Cualquier semejanza con nuestra realidad es pura coincidencia.
¿Es posible superar aquí y ahora esa realidad? Creo que sí, pues no soy de los que piensan que una crisis de mayores proporciones está en puerta en México. Con dificultades, pero el país avanza, aunque a un ritmo insuficiente y a veces desesperante, que no satisface las expectativas de los mexicanos y obliga a miles a emigrar a otras tierras en busca de una mejor vida.
Pero sí me parece claro también que estaríamos en uno de esos momentos cruciales en los que se necesita visión y determinación de todos los actores sociales para romper los candados que no permiten a México dar el estirón definitivo como país integrado política, económica y socialmente, como país libre y soberano, democrático y justo.
Esos candados, he mencionado, tienen que ver con los problemas de gobernanza, la inseguridad y la corrupción y una estructura económica relativamente ineficiente y con proliferación de actividades redundantes e improductivas, por un lado dominada por grandes intereses y, por el otro, con una miríada de pequeños negocios atrasados tecnológicamente.
La falta de resultados del sistema de gobierno es lo que parece más evidente. Sí, hemos avanzado; es más democrático y transparente que hace 15 ó 30 años, pero está fallando fuertemente en los beneficios que ofrece; la acción de gobernar debería ser mucho más fluida y predecible, con menos impacto en los escándalos diarios, más beneficiosa en la producción de bienes y servicios.
Cambiamos pero a una nueva estructura política exclusivista, con fuertes candados a la acción y participación ciudadanas. Con las mejores intenciones de alejar el poder del dinero de la política, lo que se podría haber logrado de muchas otras formas, el Congreso irreflexivamente metió al artículo 41 de la Constitución la prohibición de que las personas contraten espacios de radio y televisión a fin de opinar sobre partidos o candidatos, y restringió la libertad de expresión. También confirmó la no validez de las candidaturas independientes.
Se asegura así el dominio de la acción política a tres grandes partidos, involucrados en las más absurdas contradicciones. El PAN, atrapado entre una extrema derecha caciquil, a pesar de su apariencia democrática, que no se moderniza y no quiere aceptar las instituciones o prácticas probadas, como el Estado laico o la eventual intervención del gobierno en la economía, y una derecha que podríamos llamar “ciudadana”, hipócrita, que se dice mártir de poderes fácticos pero que olvida en cualquier momento las aspiraciones de su origen, y ambas con proclividad a la corrupción de practicar fuertemente el tráfico de influencias. La moderación de centro-derecha sobrevive con trabajos.
Del PRD, ¿qué se puede decir?: un partido que nació con la noble aspiración de regenerar la democracia en México, metido en un pantano por un caudillo que se reputa El Único Salvador de la Patria y, peor, de increíble manera hace que sus seguidores crean lo mismo, por lo que toda acción política, de todos, debe estar a su servicio; partido con el clientelismo y el corporativismo como armas preferidas de control, querellante y con la corrupción que también lo permea.
El PRI, añorando glorias pasadas, con diferentes liderazgos que, con variadas artimañas, persiguen cada uno su propio juego para el 2012, pero que por ello no logran presentar una plataforma programática coherente que modernizara la tradición socialdemócrata que existió en importantes segmentos de ese partido.
Esto lleva a un Congreso de “representantes” sumamente cojo, donde no se negocia, pues eso sería “transa”, que ha pretendido disminuir aún más las atribuciones del presidente hasta dejar las de adorno, a pesar de que el poder que indudablemente le ha ganado el Legislativo no produce resultados, pues se diluye en la politiquería y la no rendición de cuentas.
En el gobierno del presidente Calderón, a 19 meses de su inicio, se conjugan dos realidades. Pudo superar con tino y sin demasiados sobresaltos políticos o económicos el desafío de AMLO, perdedor que no se atuvo a la institucionalidad vigente y quiso imponer sus propias reglas; logró también enfilar al país por la senda del crecimiento prudente, en medio de una crisis económica estadunidense y un entorno mundial desfavorable. Pero de unos meses para acá este gobierno parece haber llegado a su nivel de incompetencia, con un gabinete en el que dominan las imágenes: un secretario de Gobernación ineficaz, que trata temas nacionales en mangas de camisa adornada con bordados de publicidad gubernamental; un superficial director del Cisen que busca justificar con argumentos comprometedores para el gobierno el otorgamiento mediante tráfico de influencias de un contratito de espionaje; unos secretarios de Economía o de Energía que brillan por su ausencia o grisura, o el presidente de su partido y el expresidente guerreando entre sí ferozmente.
Seguridad y economía. A dos años de su elección, el gobierno del presidente Calderón ha debido meterse de lleno a la agenda de seguridad debido al embate del narcotráfico, lo que distrae atención y recursos a las agendas económica y social, y aun la política.
Estamos, pues, ante una inédita y desafortunada combinación que amenaza la gobernanza del país, la fallida forma de operar de los actores políticos; la “burbuja” criminal que obliga a que el esfuerzo de gobierno, al menos del gobierno federal, se canalice prioritariamente al combate a la delincuencia, sin que hasta el momento se haya logrado desinflarla y controlarla, pues la cifra de ejecutados en el sexenio se eleva ya a más de cinco mil y, finalmente, la amenaza de crisis económica, debido principalmente a contradictorios factores externos como el alza del precio del petróleo o los alimentos, pero también porque el gobierno no está siguiendo los propios consejos del presidente Calderón de “dejar atrás el miedo, la mediocridad y el temor de realizar los cambios que necesita el país para que México pueda ser distinto y mejor”, como dijo al abanderar a los deportistas de la delegación mexicana a Beijing.
¿Qué incluye, entonces, la hoja de ruta para romper los candados que paralizan al país? Partidos políticos mucho más responsables y menos politiqueros; sólidos, pero sin demérito de libertades básicas ni del impulso a una mayor participación ciudadana. Urgente atención de toda la sociedad al combate a la delincuencia. ¿No sería hora ya de que el Congreso organizará una Consulta Nacional Sobre el Crimen Organizado?
Esa hoja de ruta incluiría que el gobierno entre de lleno a una política de promoción de la inversión productiva y a acelerar la ejecución de infraestructura, evitando que los beneficios sean acaparados por monopolios u oligopolios; que la reforma petrolera sea una verdadera reforma energética en que además de la transformación productiva de Pemex y la correlativa modernización fiscal contemple el uso de fuentes renovables y un programa nacional de ahorro de energía, sobre todo en transporte, y rediseño de productos y procesos. También convertir los riesgos en oportunidades: si bien el alza del precio de los alimentos aviva la inflación y puede ocasionar desabastos de artículos necesarios, pudiera también ser el elemento que está haciendo falta a los productores marginados del campo para obtener mayores ingresos y salir en definitiva de la postración y exclusión económica y social.
Si todos estos elementos en juego se combinan adecuadamente, el resultado de esa sinergia podría ser espectacular, pues reconduciría a la economía mexicana por la senda del crecimiento acelerado, lo que a su vez contribuiría fuertemente a apagar la burbuja criminal, al ofrecer atrayentes alternativas de empleo mejor remunerado a millones de personas.
Pues sí, parece la hora de las definiciones para el presidente Calderón.

Sí a la cooperación con China, pero...


La Crónica. Lunes 14 de julio de 2008.
Después de su participación en la reunión del G-13 en Japón, y a poco menos de 20 meses de su toma de posesión, el presidente Felipe Calderón realizó esta semana una visita de Estado a la República Popular China, donde desarrolló un intenso programa de trabajo, incluida una reunión con su homólogo el presidente de China, Hu Jintao, así como con el presidente de la Asamblea Popular Nacional, Wu Banggu, y con el primer ministro, Wen Jiabao (encuentros realizados después de escrito este comentario). En Shanghai, la capital económica de China, inauguró un seminario de inversiones y negocios de empresarios chinos y mexicanos, y otros encuentros para promover las relaciones económicas con ese país.
Además de su frecuente y demasiado optimista discurso que hace recaer en la reforma petrolera, y sólo en ésta, todas las virtudes para la transformación económica y social de México, fue evidente el propósito del presidente Calderón de presentar a México ante sus audiencias chinas como un destino privilegiado para invertir y una plataforma idónea para entrar al Continente Americano. Sin embargo, aquí también recayó en la falsa perspectiva de competir negativamente con otros países latinoamericanos, al señalar que “hay países en otras partes del mundo, y particularmente en América Latina, que no quieren inversión global, y la expulsan o la expropian” y, aunque “los respetamos”, “nosotros sí queremos la inversión global, y si hay empresas (chinas) que pensaban invertir en otras naciones, pero esas naciones no son hospitalarias para la inversión, tienen que saber que en México son bienvenidas y que protegeremos sus derechos”. ¿Qué necesidad tiene nuestro país de una instancia así, tan impolítica?
Sí, es claro que México, situado en un cruce internacional de caminos en medio de dos océanos, está en la mejor capacidad de desarrollar fuertemente las relaciones económicas con países de Asia y Oceanía. Pero con China (y la India, que en el 2030 tendrá más población que China), habrá que hacerlo con mucho cuidado, con visión estratégica, pues dichas naciones representarán el desafío mayor para el mundo en su conjunto en los próximos 25 años por la altísima capacidad de competencia que están demostrando. Como informó el Presidente en su viaje, las compras y ventas a China ya suman, en 2007, 31,687 millones de dólares y México es ya el segundo mayor socio comercial de China en América Latina. Pero hay que recordar que todavía ese comercio está desequilibrado a favor de China en una proporción de 10 a 1.
A las masivas exportaciones directas de productos chinos, a precios sumamente bajos, se agrega que los dos gigantes asiáticos están desarrollando al máximo la capacidad de outsourcing, es decir, la transferencia a sus territorios de importantes segmentos de las cadenas productivas, como el procesamiento de datos y los call centers, la programación de computadoras, diseño ingenieril, operaciones de contabilidad y finanzas, diagnósticos médicos y hasta cirugías a distancia. La presión demográfica para exportar su propia mano de obra calificada es descomunal, así como su demanda de recursos naturales y materias primas disponibles en las reservas del mundo para sostener su espectacular ritmo de crecimiento. Desde el año 2000, China tan sólo, sin considerar la India, es responsable de un tercio del aumento en el consumo mundial de petróleo, lo que incide por supuesto en sus incontenibles aumentos de precio (además de otros factores, claro). En la última década, la participación de China en el consumo de metales global saltó del 10% al 25%.
Es bueno que haya más inversiones extranjeras, y chinas en particular, pero ¿en cuáles sectores, con qué propósitos, con qué beneficios tecnológicos además de la inversión? No sería conveniente para desplazar valiosas inversiones ya establecidas (los bancos, un ejemplo) ni solamente para desarrollar operaciones de maquila final de ensambles chinos ni para asumir simplemente el control de codiciados yacimientos de minerales o fuentes de otros recursos naturales escasos, o en infraestructura para asumir el control de terminales marítimas, aéreas o terrestres (como la construcción del principal puerto de aguas profundas en México, que se levantaría en Punta Colonet, Baja California), ni para propiciar la emigración de gerentes o trabajadores chinos a un saturado mercado mexicano de trabajo que no da fuentes de empleo suficientes para nuestros nacionales.
En su visita, el presidente Calderón reconoció que para muchos productores de México será difícil enfrentar la competencia con China, pero señaló las oportunidades que deben aprovecharse. La estrategia de política exterior de México deberá entonces estar muy atenta para ir manejando consecuentemente nuestra relación con China (y la India), aprovechando una negociación bilateral firme y de amplia visión para que en esa relación se apoye menos en el desequilibrio de comercio con nuestro país, haga hincapié en la colaboración tecnológica y el fortalecimiento de los lazos culturales entre estos dos gigantes en la materia, así como explotando activamente las opciones multilaterales que se abran con China en el Grupo de los 13. México puede aprovechar también los nichos de oportunidades que se le presenten en el Mecanismo de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).
Con todo, es muy probable que la economía de México, su modelo y tasas de crecimiento, permanezcan más cerca de Estados Unidos que de China. Por muchas razones, también la política exterior de México permanecerá más próxima de Estados Unidos que de China, cuando el equilibrio en la arena mundial dependerá en mucho en las próximas décadas de la forma en que estos dos últimos países manejen su relación estratégica (con India como factor de equilibrio) y cómo resuelvan los problemas y fricciones que se puedan presentar en diversas regiones, para empezar en Irán, y también en África, sin descontar potenciales conflictos en América Latina.

México en sus 13. Calderón en Japón


La Crónica. Viernes 4 de Julio de 2008
Hace dos años escribía yo en estas páginas sobre la activa inserción de nuestro país en el nuevo mapa mundial, a propósito de la paulatina formación del nuevo Grupo de los 13, formado por la integración del Grupo de los Ocho (países más industrializados, compuesto por Estados Unidos, Japón, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia y Rusia) y el Grupo de los 5, que incluye a las “potencias emergentes”: México, Brasil, China, India y Sudáfrica.
El mundo va rápido, y el Grupo de los 13 se hace cada vez más una realidad. La próxima semana, del 7 al 9 de julio, en Hokkaido, Japón, se llevará a cabo el “Diálogo Ampliado” de la cumbre del G-8 con el G-5, y en esta ocasión el presidente Calderón dirigirá la reunión de los Jefes de Estado y/o de Gobierno de este último, pues en septiembre de 2007 México fue designado Coordinador del Grupo e interlocutor del mismo con la presidencia en turno del G8. También han sido invitados los presidentes de Australia, Indonesia y la República de Corea. Calderón realizará asimismo una importante visita de Estado a la República Popular China, a invitación del presidente de esa nación, Hu Jintao (visita que merece todo un comentario aparte).
Los temas que se discutirán en Hokkaido son de la mayor importancia para el mundo. En primer lugar, el calentamiento global, donde se discutirán interesantes propuestas. El primer ministro de Japón, Yasuo Fukuda, quien preside el G-8, ha presentado ya el Programa de Promoción Enfriemos la Tierra, con el objetivo de establecer metas “justas y equitativas” de emisiones de bióxido de carbono, en el cual “deben participar todos los (países) mayores emisores” de CO2, una alusión a la necesaria participación del mayor emisor de todos, Estados Unidos, aunque también propugna la de todos los países en desarrollo. El presidente Calderón, a su vez, ha propuesto crear un Fondo Verde contra el Cambio Climático, a fin de apoyar financiera y tecnológicamente las acciones de mitigación y adaptación al calentamiento global, que ya recibió el respaldo de los ministros de medio ambiente del G-8, cuando se reunieron en mayo pasado con sus homólogos del G-5 en Kobe, Japón, por lo que deberá ser refrendado sin dificultad en la cumbre de Hokkaido, para asegurar así su viabilidad financiera.
La cumbre abordará también los presionantes temas del alza en el precio del petróleo y la estabilización del los mercados financieros, que se relacionan estrechamente con la persistente debilidad del dólar y la inestabilidad del mercado petrolero mundial, a su vez ligados con el déficit de inversiones en este sector y la sangría económica (y política) que a Estados Unidos le representa la guerra en Irak. La subida en el precio mundial de los principales alimentos y la seguridad en el abastecimiento de los mismos, que amenazan una crisis alimentaria mundial, entran en las perspectivas muy preocupantes de la economía internacional a las que se dará atención, pues afectan sobre todo a los países más vulnerables, especialmente de África, y ponen en riesgo el logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio establecidos por las Naciones Unidas como metas mínimas para los países en desarrollo, hacia el año 2015, en materia de salud, educación y abastecimiento de agua.
La cumbre de Hokkaido tratará, además, temas relevantes de la política internacional, como el fortalecimiento del régimen de no proliferación nuclear, concentrado ahora en evitar que Irán adquiera la capacidad de fabricar bombas nucleares, pues Corea del Norte ya ofreció la certificación que buscaba Estados Unidos de que no lo va a hacer. En estos días, parecería que Irán suaviza su posición de confrontación en este tema, y es de esperarse también que Israel no vaya a cometer la imprudencia de atacar las instalaciones nucleares iraníes.
Por su parte, Japón, que se autoproclama como “Nación que Alienta la Paz”, promoverá en la cumbre esfuerzos en este sentido en relación al proceso de paz en Medio Oriente, así como a las guerras en Afganistán y en Sudán, entre otros conflictos.
Como puede apreciarse, las reuniones de los líderes del mundo, como la de Hokkaido, tienen cada vez mayor trascendencia en la política y la economía internacional. El G-13 integra ya a las naciones con mayor influencia mundial, con la capacidad de marcar el rumbo en la solución de los problemas que enfrenta la comunidad internacional; por su composición limitada, no es, no puede ser, un sistema democrático, pero ya es una ventaja que las naciones más influyentes discutan los problemas mundiales de acuerdo a principios de interés general, y que puedan generar acuerdos sobre la misma base, que orienten las decisiones en los organismos globales como Naciones Unidas, o en convenios multilaterales y bilaterales.
Tampoco se puede negar que entre varias de las naciones participantes en la cumbre de Hokkaido existen conflictos de interés, actuales o potenciales, el más evidente entre los últimos la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, pero también la intención de Rusia de retomar su papel protagónico en los asuntos mundiales. Pero lo importante, además de que es una competencia pacífica, es que sus diferencias puedan ser ventiladas con la participación de otros jugadores mundiales, como los que integran el G-13.
Pero, ¿no es excesivo contar a México “entre las naciones con mayor influencia mundial”? La realidad nos indica, por supuesto, que México no se equipara en influencia o poderío a la mayoría de los países del G-8, pero no es erróneo considerar que nuestro país tiene ya una responsabilidad especial en los asuntos internacionales conmensurable a sus fortalezas, que son muchas, y es importante que la ejerza más a plenitud para contribuir al equilibrio mundial, como lo han venido demandando, por ejemplo, los países europeos al convenir con México una “asociación estratégica”.
Tenemos, sí, desventajas o debilidades importantes, que todos deberíamos luchar por erradicar. Dos entre las más significativas: la corrupción y los problemas de gobernanza, no porque sean privativas de nuestro país, pues es obvio que son universales, sino por el alto grado que aquí han alcanzado y porque pueden comprometer el desarrollo general de nuestro país y su viabilidad internacional a largo plazo.
La corrupción es el monstruo que todo lo permea: está detrás, por supuesto, de la “burbuja criminal” que asola el país actualmente; explica en mucho las graves fallas en la buena administración de los asuntos públicos y los abusos de los poderes fácticos contra los intereses generales de la sociedad.
A eso hay que agregar las serias trabas al desarrollo provocadas por las fallas en la gobernanza, por la pobre funcionalidad de nuestra democracia, que no produce los resultados esperados, inclusive en la reducción de la desigualdad económica y la exclusión social, porque la lucha política se agota en disputas interminables, por el poder más que por el bien común, entre las distintas cúpulas partidarias o aun entre los líderes de una misma cúpula, y porque no se acaba de aceitar y aceptar la institucionalidad que tanto trabajo ha costado construir.
Una tercera debilidad importante es nuestra aparente refracción al avance científico y tecnológico, que ha de tener que ver con un sistema educativo que, a pesar de estar aparentemente orientado por una adecuada filosofía contemporánea de educación para todos y laicidad, adolece de lacras operativas y corporativas de las que no logra deshacerse, y no tan solo en la educación básica.Pero nuestras fortalezas deben dominar a nuestras debilidades, y entonces México se mantendrá en sus trece y participará de pleno derecho y con responsabilidades crecientes a la conformación del nuevo mapa mundial entre las principales naciones del G-13.

¿No habría que darse más tiempo, Presidente?

La Crónica. Viernes 20 de junio de 2008

Las difíciles circunstancias en que el presidente Calderón asumió su mandato lo obligaban, es cierto, a tomar una posición protagónica en la vida nacional para hacer a un lado el desafío extralegal de López Obrador y para convencer a los seguidores de buena fe de éste que el bien común exige el respeto al sistema institucional que nos rige, aunque diste de ser perfecto.
Pues sí, por eso Calderón ha estado impaciente y muy movido en su gobierno; en el último mes y medio habrá intervenido en unas cuarenta ceremonias públicas, con sus respectivos discursos, sin contar sus encuentros en viajes internacionales, y este es el ritmo de presencia pública que ha mantenido por todos los rincones del país desde el poco más de año y medio de su toma de posesión.
Sin embargo, ¿no habría llegado el momento para el presidente Calderón de hacer un alto de reflexión, de no participar tanto en actos y ceremonias, donde convendría mejor que fuera representado por algún subalterno, lo que le permitiría hablar menos e involucrarse así en menor medida en la lucha política del día a día, para dedicar más tiempo al control de la gobernabilidad y la administración con visión eficiente de mediano plazo, a preparar los acuerdos políticos dentro del PAN y con otros partidos y a pensar en los cambios necesarios a su equipo de colaboradores, que parecen urgentes?
No es que haya logrado poco en este año y medio. No, la crispación de julio de 2006 y la secuela conocida de eventos del movimiento de López Obrador se han visto superados casi en definitiva como desafío institucional, a lo que han ayudado en mucho, hay que decirlo, los excesos verbales y la falta de juicio y cálculo político de largo plazo del propio caudillo. Finalmente el IFE, ¡hasta cuándo! decidió que llamar a López Obrador “presidente legítimo” en la propaganda del Frente Amplio Progresista viola la Constitución, denigra las instituciones y confunde a los ciudadanos. Se acaba la farsa.
En materia de diálogo político y gobierno llama mucho la atención, por supuesto, el que la iniciativa parece estar siempre del lado de AMLO, y el ejemplo más reciente es que el debate petrolero en el Senado y las “consultas públicas” sobre el asunto, derivaron de la acción de aquél y marginaron de hecho la discusión de la iniciativa petrolera de Calderón. Como quiera que sea, el tema de la reforma petrolera como tal se está discutiendo, y hasta se abordan aspectos de una verdadera reforma energética, y es muy probable que, con todas las modificaciones que se introduzcan, el Congreso apruebe al final modificaciones a la legislación y a la gestión petrolera que, incrementalmente, sean mejores que la situación actual. Igual ha ido sucediendo con los ajustes legales en otras áreas: ISSSTE, la reforma constitucional en materia de justicia penal y seguridad pública, la reforma fiscal; ni hablar, ese es el estilo en que el gobierno y la sociedad entera de nuestro país resuelven los problemas, poco a poco, incrementalmente, “a la mexicana”. Igualmente, nuestra economía ha podido manejar aceptablemente en el período de Calderón, y hasta el momento, la baja en la actividad económica de Estados Unidos, que siempre tiene un fuerte efecto en México. Ha ayudado, claro, la fuerte alza del precio promedio de las exportaciones de petróleo crudo, pero lo real es que se mantienen los equilibrios básicos de la economía y se resisten bien, todavía, otros choques externos, como el alza en el precio de los alimentos. No cabe duda que hace falta activar el paso, pues, por ejemplo, el Programa Nacional de Infraestructura, orientado a contrarrestar la desaceleración económica, que debería gastar en el año 353 mil millones de pesos, tuvo en el primer trimestre, por problemas de gestión y sobre regulación, un subejercicio de 89%, pero en el conjunto el manejo económico resulta favorable.
La inseguridad nacional por la operación del narcotráfico y el crimen organizado es el lado flaco hasta el momento del ejercicio gubernamental, no por falta de acción del gobierno federal, pues, al contrario, es en esta área donde Calderón ha echado toda la carne al asador, sino por la naturaleza misma de un problema que por distintas causas ha crecido enormemente, por la relativa falta de preparación y coordinación (y sobra de corrupción) en los múltiples cuerpos policiacos de los tres órdenes de gobierno, y por la relativa desidia del gobierno estadunidense en la persecución de los capos de la droga, los contrabandistas de armas y los lavadores de dinero. Esta situación estaría cambiando con el impulso a la modernización, depuración y equipamiento tecnológico de las corporaciones policiacas y con el nuevo enfoque, menos injerencista, de la Iniciativa Mérida.
Pero el presidente tendría que darse más tiempo. Su protagonismo (y quizá la tensión a la que han de estar sometidos los asesores que le preparan tantos y tan largos discursos) lo pone en riesgo de asumir posiciones inconvenientes en ocasiones. Por ejemplo, en el caso de sus múltiples alocuciones acerca de la lucha contra el crimen organizado, Calderón repite sin cesar su afirmación de que “Sabíamos desde el principio que sería una batalla larga y difícil, que costaría tiempo, recursos económicos y por desgracia vidas humanas, como ha ocurrido” (así dijo en la inauguración del Centro de Mando de la Policía Federal, el lunes pasado). ¿Conviene que un dirigente de una guerra o una lucha mencione el costo evidente: que los guerreros van a morir? No lo parece; sería mejor que el mensaje hiciera énfasis en que la lucha sin cuartel contra el crimen incluirá cada vez mejores métodos de protección a jueces y policías contra la corrupción y las venganzas criminales, objetivo que debería ser también el núcleo del mensaje dirigido a estimular la denuncia formal de los delitos, para evitar el problema de la vulnerabilidad en que queda el denunciante.
De todas maneras, tampoco parece adecuado que el jefe del Estado promueva personalmente la denuncia o peor, la delación, por parte de “vigilantes”. En todo caso, correspondería a un funcionario subalterno resaltar la clara responsabilidad de todos en la sociedad de no ser cómplices por omisión de información de ningún crimen, con la seguridad de la protección correspondiente.
Con mayor tiempo disponible, el Presidente tendría la oportunidad de contribuir con las diferentes fuerzas sociales a armar bien las estrategias para meter al orden republicano, con la ley en la mano, a dirigentes sindicales, y a gobernadores, extraviados o corruptos. Para meter al orden de la competencia a las corporaciones monopólicas. Con los dirigentes de su partido, darle al PAN un sentido de unidad y de preparación para acordar con otros partidos los apoyos en el Congreso y de la opinión pública a sus iniciativas de gobierno —sin campañitas de monitos o de espots superficiales. El reemplazo de Santiago Creel en la coordinación panista del Senado puede haber sido necesario, pero si persiste el folclorismo o la inconsecuencia política del nuevo líder (publicitar su intención de dividir al PRI para la aprobación de la reforma energética) no ayudará mucho.
Con mayor tiempo para sí, no se verá obligado el Presidente, en sus conferencias de prensa con dignatarios extranjeros (Ángela Merkel) a tenerlos de espectadores forzados de sus diálogos con periodistas mexicanos sobre asuntos internos de nuestro país.

Varios pájaros de un tiro (económico)

La Crónica. Lunes 16 de junio de 2008

Los llamados del presidente Calderón y del secretario Carstens para que el Banco de México reduzca sus tasas de interés, tienen que ver, entre otras cuestiones, con la necesidad, que el Ejecutivo habría detectado, de impulsar ya la reactivación económica y de que el peso mexicano no se siga apreciando frente al dólar, como han señalado los especialistas.
Efectivamente, existen muchos datos del desempeño de la economía mexicana y de la estadunidense, a cuyas tendencias la nuestra está estrechamente ligada, que apuntan a que un estímulo adicional a la demanda —la interna, con la reducción de los intereses, y la externa con un aumento de las exportaciones— podría ser importante para salir en definitiva del bache recesivo y entrar en una fase de crecimiento más acelerado de la producción y del empleo.
Sin embargo, para que esto se concrete se requiere, también, de una serie de otras medidas “proactivas” por parte del propio gobierno federal: controlar el destino del gasto público —sea gasto corriente o inversiones— para canalizarlo en la mayor medida posible a fines productivos; vigilar el ejercicio a tiempo y adecuadamente del programa de inversiones en infraestructura; mantener la política de subsidios que apoyen la demanda en los casos y el tiempo en que sea necesario.El subsidio al consumo de gasolinas debería mantenerse. Aunque al parecer es solamente un cálculo “virtual” y no una transferencia real al consumidor de 200 mil millones de pesos al año (porque se calcula como si toda la gasolina que se vende en México tuviera un precio internacional), hay que conservarlo, pues es un mecanismo que le permite a Pemex retener mayores recursos de sus ventas y reducir las transferencias de efectivo al gobierno, con lo que se le aumentan los recursos que pueden ser dedicados a las tan necesarias inversiones para incrementar su producción.También será muy importante que el gobierno federal impulse ya un programa de eficiencia en el uso de energía, que disminuya sensiblemente las importaciones de energéticos; continuar con la “federalización” del gasto, es decir, su distribución hacia los estados (y que el estricto control de su ejercicio sea también una función realizada en las propias entidades federativas).Y, de alguna manera, a través de exhortos, persuasiones y medidas de política, lograr que el sistema bancario mexicano rebaje sensiblemente las tasas de interés y redistribuya sus créditos a la producción en lugar de al consumo, pues el crédito barato es una palanca que le está faltando a la economía mexicana actual.
De otra suerte, si no se activa la producción interna, se corre el riesgo de que el impulso a la demanda originado en las medidas descritas arriba provoque que se disparen las importaciones de bienes y equipo extranjeros, con lo que se perderían los objetivos principales de todo el paquete, que es fomentar la producción y el empleo internos. Por ejemplo, aunque en los tres primeros meses del año actual la inversión fija bruta registró un aumento de 2.7% con relación a igual lapso de 2007, los gastos en maquinaria y equipo de origen importado se acrecentaron 9.1%, en tanto que en equipo nacional sólo en 0.6%.
¿Pedir que se bajen las tasas de interés, mantener los subsidios, no es política económica ortodoxa? No, probablemente, aunque en estos tiempos se ha borrado mucho la línea que separa lo heterodoxo de la política económica convencional. Pero ahora se impone de los bancos centrales una política monetaria activa más que pasiva, como ha sostenido el propio presidente del banco central estadunidense (la Reserva Federal), Ben S. Bernanke, con su teoría de “La Gran Moderación”, que es “una baja sustancial en la volatilidad macroeconómica en el panorama económico (de Estados Unidos) en los últimos veinte años”. En nuestro país es aún más evidente la necesidad de este enfoque.
El impulso a la demanda y la producción mediante la baja en los intereses cuenta en estos momentos en México con una ocasión propicia, a pesar de las alzas de precios del petróleo y alimentos. En el caso del petróleo, la renta petrolera está a nuestro favor, y si se impulsara la producción de alimentos se podría atemperar su alza de precios. Además, las expectativas de inflación de largo plazo no se han visto afectadas por el repunte inflacionario de los últimos meses, focalizado principalmente en el sector de mercancías, en particular alimentos, por lo que se mantiene la previsión de que la inflación bajará a 3.5 por ciento en 2009 (Banco de México). Durante el primer cuatrimestre de 2008 el valor de las exportaciones totales sumó 97,147 millones de dólares, con un incremento anual de 19.4 por ciento. Claro, los altos precios de la mezcla mexicana de exportación de petróleo explican en parte el aumento, pues en ese periodo el valor de las exportaciones petroleras mostró una alza de 50.4 por ciento anual, pero el de las exportaciones no petroleras tuvo un desempeño aceptable: un aumento de 14.2 por ciento a tasa anual (SHCP).Las reservas internacionales de México subieron a 85 mil 26 millones de dólares al 6 de junio.
Durante el periodo enero-abril se alcanzó un superávit de 112.3 mil millones de pesos en las cuentas del sector público, ya tomados en cuenta los subsidios y los fuertes gastos en pensiones y jubilaciones.El saldo de la deuda interna neta del sector público federal disminuyó en 35.1 mil millones de pesos en el periodo enero abril. Aunque el saldo de la deuda externa neta del sector público federal creció en 2.7 mil millones de dólares con respecto al cierre de 2007, Hacienda considera que esto es transitorio y que el saldo disminuirá gradualmente en los próximos meses.

Deprimentes “deprimidos” y otras lindezas

La Crónica de Hoy. Lunes 30 de junio de 2008
Parece que esta urbe, otrora la región más transparente del aire, cuyo horizonte se extendía majestuoso hacía los cuatro puntos cardinales, y en la cual se podían admirar sin obstáculo los palacios que la caracterizaban y la bella traza de muchas de sus calles, avenidas, bulevares y parques, está condenada, sin remedio, a ser una olla carente de toda perspectiva, con "deprimidos" y túneles como hoyancos de topos gigantes, con horribles puentes vehiculares y peatonales y monumentos chafas que se hacen brotar por todos lados; con bosques pelones, parques enmarañados y árboles plantados donde no y millares de adefesios estructurales y pictóricos mal llamados espectaculares.Las explicaciones más inmediatas, pero tramposas, que se nos dan son, por un lado, que el crecimiento explosivo del uso del automóvil, ¡ya casi cuatro millones de vehículos!, hace imprescindible la "solución" de "deprimidos", puentes y túneles, sin considerar que orilla al uso del auto particular la negligencia de muchos, muchos años en la reglamentación y operación del transporte masivo -no importa que fuera público o privado- y el atraso cavernícola en la ingeniería de los flujos vehiculares, y sin tomar en cuenta la experiencia evidente que muestra que si un deprimido o puente resuelve un nudo vehicular en un cruce, de inmediato reaparece en el siguiente.¡Ah!, nos dirán, pero ahí están las "vías confinadas", como el costosísimo "Circuito Bicentenario". Sí, vías que, la experiencia también señala, dividen en estancos aislados las áreas y vecindarios por donde pasan, en lugar de servir para intercomunicarlos fluidamente, cuando no se convierten en gigantes estacionamientos en horas "pico" o cuando alguna tormenta o accidente las tapona.Y no importa el partido o el credo político de la respectiva autoridad. Panistas habían criticado, con razón las soluciones "mágicas" de este tipo, como el segundo piso del Periférico, y se habían opuesto, ahora se ve que más por razones políticas que por otra cosa, al Megatúnel y a la Torre Bicentenario, pero ahora, la delegada panista en Miguel Hidalgo, Gabriela Cuevas (¿por qué, Gabriela?), se ha lanzado ella misma al proyecto de cinco deprimidos bajo la Avenida Palmas, a pesar de la tenaz oposición de los vecinos, que se volvieron a manifestar en contra este 25 de junio.Pero hay que hacer menos deprimentes los deprimidos, y, ¡claro!, gastar el presupuesto en proyectos estrambóticos. La Dirección General de Servicios Urbanos del GDF informó, a mediados del mes, que "para atenuar el estrés al volante", serán colocadas "mantas multicolores con vivos muy llamativos sobre la mole de concreto de los deprimidos", de acuerdo con el éxito de los proyectos piloto mediante los cuales se instaló ese tipo de mantas multicolores sobre los muros de los bajopuentes del Periférico y Legaria y Periférico y Ejército Nacional.Los árboles. Por supuesto, cómo no amar y procurar a los árboles, seres vivientes de los más bellos y útiles que pueblan esta tierra. Pero en nuestra ciudad todo se trastoca: los árboles son plantados sin plan y sin ton ni son, por razones "ecológicas" y porque esta es una ciudad "verde". Pero se talan criminalmente los bosques que rodean el valle; se eliminan con la especulación inmobiliaria campos de cultivo y amplias áreas verdes que debieran acompañar a los conjuntos habitacionales; se invaden espacios públicos verdes con instalaciones administrativas, policíacas… y se plantan muchos árboles donde no se debe, con efectos perjudiciales para el disfrute de la ciudad…y para los propios indefensos árboles.Sí, además de que se dejan morir más de dos terceras partes de los que se plantan, las autoridades tienen un serio problema de poda de árboles (y los árboles un serio problema de integridad o supervivencia) por todos los rumbos de esta capital, porque sus ramas se entrelazan con todo el cablerío eléctrico o telefónico, o porque rompen banquetas, amenazan caerse, etc. Un tiempo, se plantaron ¡eucaliptos, la especie que más rápido crece!, al lado de las vías de superficie del Metro, hasta que años después, y mucho trabajo para podarlos, se tuvieron que eliminar.Ahora, en el centro de la ciudad, remozado con grandes esfuerzos, se vuelve al error de plantar árboles, y de especies frondosas, en las estrechas banquetas, cuyo resultado previsible es que serán obstáculos al caminar, a la admiración de la arquitectura de los edificios y de la perspectiva de esta gran ciudad… y necesitarán mucho presupuesto para podarlos. Presupuesto público o negocio privado, pues ya es una política del GDF la privatización creciente de amplias ramas de la administración citadina, como seguramente lo establecerá el Plan de Manejo del Centro Histórico, presentado, sin detalles, el martes pasado.Y pasó la época de los monumentos bellos; ahora la regla parece ser la monstruosidad, tanto en lo que se quiere representar como en la realización. Se erige en Juárez y Reforma una fea escultura que trunca la perspectiva hacia el Monumento a la Revolución (como otros adefesios colocados en otros cruces). En el Zócalo, una megabandera que arruina la vista de la plaza más bella de la ciudad (mientras las banderas al tope de los palacios que la rodean siempre están sucias y ajadas). Y ahora el presidente de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa exhorta a las autoridades capitalinas "a iniciar los trabajos para la construcción de un monumento a la democracia de la ciudad de México". Capaz y le hacen caso (sin consulta de por medio).Y los "espectaculares", que siguen allí y proliferando, a pesar de las promesas y los acuerdos con las empresas publicitarias para removerlos. Agréguese la horrible publicidad andante de empresas telefónicas, periodísticas, de helados; las caravanas de vehículos anunciantes…¿Pero qué tal el increíble proyecto de cerrar varias calles de la Zona Rosa para construir canales y poner barcas turísticas como en San Antonio o Venecia?pliegodejjhuerta.blogspot.com