La Crónica. Lunes 16 de junio de 2008
Los llamados del presidente Calderón y del secretario Carstens para que el Banco de México reduzca sus tasas de interés, tienen que ver, entre otras cuestiones, con la necesidad, que el Ejecutivo habría detectado, de impulsar ya la reactivación económica y de que el peso mexicano no se siga apreciando frente al dólar, como han señalado los especialistas.
Efectivamente, existen muchos datos del desempeño de la economía mexicana y de la estadunidense, a cuyas tendencias la nuestra está estrechamente ligada, que apuntan a que un estímulo adicional a la demanda —la interna, con la reducción de los intereses, y la externa con un aumento de las exportaciones— podría ser importante para salir en definitiva del bache recesivo y entrar en una fase de crecimiento más acelerado de la producción y del empleo.
Sin embargo, para que esto se concrete se requiere, también, de una serie de otras medidas “proactivas” por parte del propio gobierno federal: controlar el destino del gasto público —sea gasto corriente o inversiones— para canalizarlo en la mayor medida posible a fines productivos; vigilar el ejercicio a tiempo y adecuadamente del programa de inversiones en infraestructura; mantener la política de subsidios que apoyen la demanda en los casos y el tiempo en que sea necesario.El subsidio al consumo de gasolinas debería mantenerse. Aunque al parecer es solamente un cálculo “virtual” y no una transferencia real al consumidor de 200 mil millones de pesos al año (porque se calcula como si toda la gasolina que se vende en México tuviera un precio internacional), hay que conservarlo, pues es un mecanismo que le permite a Pemex retener mayores recursos de sus ventas y reducir las transferencias de efectivo al gobierno, con lo que se le aumentan los recursos que pueden ser dedicados a las tan necesarias inversiones para incrementar su producción.También será muy importante que el gobierno federal impulse ya un programa de eficiencia en el uso de energía, que disminuya sensiblemente las importaciones de energéticos; continuar con la “federalización” del gasto, es decir, su distribución hacia los estados (y que el estricto control de su ejercicio sea también una función realizada en las propias entidades federativas).Y, de alguna manera, a través de exhortos, persuasiones y medidas de política, lograr que el sistema bancario mexicano rebaje sensiblemente las tasas de interés y redistribuya sus créditos a la producción en lugar de al consumo, pues el crédito barato es una palanca que le está faltando a la economía mexicana actual.
De otra suerte, si no se activa la producción interna, se corre el riesgo de que el impulso a la demanda originado en las medidas descritas arriba provoque que se disparen las importaciones de bienes y equipo extranjeros, con lo que se perderían los objetivos principales de todo el paquete, que es fomentar la producción y el empleo internos. Por ejemplo, aunque en los tres primeros meses del año actual la inversión fija bruta registró un aumento de 2.7% con relación a igual lapso de 2007, los gastos en maquinaria y equipo de origen importado se acrecentaron 9.1%, en tanto que en equipo nacional sólo en 0.6%.
¿Pedir que se bajen las tasas de interés, mantener los subsidios, no es política económica ortodoxa? No, probablemente, aunque en estos tiempos se ha borrado mucho la línea que separa lo heterodoxo de la política económica convencional. Pero ahora se impone de los bancos centrales una política monetaria activa más que pasiva, como ha sostenido el propio presidente del banco central estadunidense (la Reserva Federal), Ben S. Bernanke, con su teoría de “La Gran Moderación”, que es “una baja sustancial en la volatilidad macroeconómica en el panorama económico (de Estados Unidos) en los últimos veinte años”. En nuestro país es aún más evidente la necesidad de este enfoque.
El impulso a la demanda y la producción mediante la baja en los intereses cuenta en estos momentos en México con una ocasión propicia, a pesar de las alzas de precios del petróleo y alimentos. En el caso del petróleo, la renta petrolera está a nuestro favor, y si se impulsara la producción de alimentos se podría atemperar su alza de precios. Además, las expectativas de inflación de largo plazo no se han visto afectadas por el repunte inflacionario de los últimos meses, focalizado principalmente en el sector de mercancías, en particular alimentos, por lo que se mantiene la previsión de que la inflación bajará a 3.5 por ciento en 2009 (Banco de México). Durante el primer cuatrimestre de 2008 el valor de las exportaciones totales sumó 97,147 millones de dólares, con un incremento anual de 19.4 por ciento. Claro, los altos precios de la mezcla mexicana de exportación de petróleo explican en parte el aumento, pues en ese periodo el valor de las exportaciones petroleras mostró una alza de 50.4 por ciento anual, pero el de las exportaciones no petroleras tuvo un desempeño aceptable: un aumento de 14.2 por ciento a tasa anual (SHCP).Las reservas internacionales de México subieron a 85 mil 26 millones de dólares al 6 de junio.
Durante el periodo enero-abril se alcanzó un superávit de 112.3 mil millones de pesos en las cuentas del sector público, ya tomados en cuenta los subsidios y los fuertes gastos en pensiones y jubilaciones.El saldo de la deuda interna neta del sector público federal disminuyó en 35.1 mil millones de pesos en el periodo enero abril. Aunque el saldo de la deuda externa neta del sector público federal creció en 2.7 mil millones de dólares con respecto al cierre de 2007, Hacienda considera que esto es transitorio y que el saldo disminuirá gradualmente en los próximos meses.
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