La Crónica. Viernes 4 de Julio de 2008
Hace dos años escribía yo en estas páginas sobre la activa inserción de nuestro país en el nuevo mapa mundial, a propósito de la paulatina formación del nuevo Grupo de los 13, formado por la integración del Grupo de los Ocho (países más industrializados, compuesto por Estados Unidos, Japón, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia y Rusia) y el Grupo de los 5, que incluye a las “potencias emergentes”: México, Brasil, China, India y Sudáfrica.
El mundo va rápido, y el Grupo de los 13 se hace cada vez más una realidad. La próxima semana, del 7 al 9 de julio, en Hokkaido, Japón, se llevará a cabo el “Diálogo Ampliado” de la cumbre del G-8 con el G-5, y en esta ocasión el presidente Calderón dirigirá la reunión de los Jefes de Estado y/o de Gobierno de este último, pues en septiembre de 2007 México fue designado Coordinador del Grupo e interlocutor del mismo con la presidencia en turno del G8. También han sido invitados los presidentes de Australia, Indonesia y la República de Corea. Calderón realizará asimismo una importante visita de Estado a la República Popular China, a invitación del presidente de esa nación, Hu Jintao (visita que merece todo un comentario aparte).
Los temas que se discutirán en Hokkaido son de la mayor importancia para el mundo. En primer lugar, el calentamiento global, donde se discutirán interesantes propuestas. El primer ministro de Japón, Yasuo Fukuda, quien preside el G-8, ha presentado ya el Programa de Promoción Enfriemos la Tierra, con el objetivo de establecer metas “justas y equitativas” de emisiones de bióxido de carbono, en el cual “deben participar todos los (países) mayores emisores” de CO2, una alusión a la necesaria participación del mayor emisor de todos, Estados Unidos, aunque también propugna la de todos los países en desarrollo. El presidente Calderón, a su vez, ha propuesto crear un Fondo Verde contra el Cambio Climático, a fin de apoyar financiera y tecnológicamente las acciones de mitigación y adaptación al calentamiento global, que ya recibió el respaldo de los ministros de medio ambiente del G-8, cuando se reunieron en mayo pasado con sus homólogos del G-5 en Kobe, Japón, por lo que deberá ser refrendado sin dificultad en la cumbre de Hokkaido, para asegurar así su viabilidad financiera.
La cumbre abordará también los presionantes temas del alza en el precio del petróleo y la estabilización del los mercados financieros, que se relacionan estrechamente con la persistente debilidad del dólar y la inestabilidad del mercado petrolero mundial, a su vez ligados con el déficit de inversiones en este sector y la sangría económica (y política) que a Estados Unidos le representa la guerra en Irak. La subida en el precio mundial de los principales alimentos y la seguridad en el abastecimiento de los mismos, que amenazan una crisis alimentaria mundial, entran en las perspectivas muy preocupantes de la economía internacional a las que se dará atención, pues afectan sobre todo a los países más vulnerables, especialmente de África, y ponen en riesgo el logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio establecidos por las Naciones Unidas como metas mínimas para los países en desarrollo, hacia el año 2015, en materia de salud, educación y abastecimiento de agua.
La cumbre de Hokkaido tratará, además, temas relevantes de la política internacional, como el fortalecimiento del régimen de no proliferación nuclear, concentrado ahora en evitar que Irán adquiera la capacidad de fabricar bombas nucleares, pues Corea del Norte ya ofreció la certificación que buscaba Estados Unidos de que no lo va a hacer. En estos días, parecería que Irán suaviza su posición de confrontación en este tema, y es de esperarse también que Israel no vaya a cometer la imprudencia de atacar las instalaciones nucleares iraníes.
Por su parte, Japón, que se autoproclama como “Nación que Alienta la Paz”, promoverá en la cumbre esfuerzos en este sentido en relación al proceso de paz en Medio Oriente, así como a las guerras en Afganistán y en Sudán, entre otros conflictos.
Como puede apreciarse, las reuniones de los líderes del mundo, como la de Hokkaido, tienen cada vez mayor trascendencia en la política y la economía internacional. El G-13 integra ya a las naciones con mayor influencia mundial, con la capacidad de marcar el rumbo en la solución de los problemas que enfrenta la comunidad internacional; por su composición limitada, no es, no puede ser, un sistema democrático, pero ya es una ventaja que las naciones más influyentes discutan los problemas mundiales de acuerdo a principios de interés general, y que puedan generar acuerdos sobre la misma base, que orienten las decisiones en los organismos globales como Naciones Unidas, o en convenios multilaterales y bilaterales.
Tampoco se puede negar que entre varias de las naciones participantes en la cumbre de Hokkaido existen conflictos de interés, actuales o potenciales, el más evidente entre los últimos la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, pero también la intención de Rusia de retomar su papel protagónico en los asuntos mundiales. Pero lo importante, además de que es una competencia pacífica, es que sus diferencias puedan ser ventiladas con la participación de otros jugadores mundiales, como los que integran el G-13.
Pero, ¿no es excesivo contar a México “entre las naciones con mayor influencia mundial”? La realidad nos indica, por supuesto, que México no se equipara en influencia o poderío a la mayoría de los países del G-8, pero no es erróneo considerar que nuestro país tiene ya una responsabilidad especial en los asuntos internacionales conmensurable a sus fortalezas, que son muchas, y es importante que la ejerza más a plenitud para contribuir al equilibrio mundial, como lo han venido demandando, por ejemplo, los países europeos al convenir con México una “asociación estratégica”.
Tenemos, sí, desventajas o debilidades importantes, que todos deberíamos luchar por erradicar. Dos entre las más significativas: la corrupción y los problemas de gobernanza, no porque sean privativas de nuestro país, pues es obvio que son universales, sino por el alto grado que aquí han alcanzado y porque pueden comprometer el desarrollo general de nuestro país y su viabilidad internacional a largo plazo.
La corrupción es el monstruo que todo lo permea: está detrás, por supuesto, de la “burbuja criminal” que asola el país actualmente; explica en mucho las graves fallas en la buena administración de los asuntos públicos y los abusos de los poderes fácticos contra los intereses generales de la sociedad.
A eso hay que agregar las serias trabas al desarrollo provocadas por las fallas en la gobernanza, por la pobre funcionalidad de nuestra democracia, que no produce los resultados esperados, inclusive en la reducción de la desigualdad económica y la exclusión social, porque la lucha política se agota en disputas interminables, por el poder más que por el bien común, entre las distintas cúpulas partidarias o aun entre los líderes de una misma cúpula, y porque no se acaba de aceitar y aceptar la institucionalidad que tanto trabajo ha costado construir.
Una tercera debilidad importante es nuestra aparente refracción al avance científico y tecnológico, que ha de tener que ver con un sistema educativo que, a pesar de estar aparentemente orientado por una adecuada filosofía contemporánea de educación para todos y laicidad, adolece de lacras operativas y corporativas de las que no logra deshacerse, y no tan solo en la educación básica.Pero nuestras fortalezas deben dominar a nuestras debilidades, y entonces México se mantendrá en sus trece y participará de pleno derecho y con responsabilidades crecientes a la conformación del nuevo mapa mundial entre las principales naciones del G-13.
El mundo va rápido, y el Grupo de los 13 se hace cada vez más una realidad. La próxima semana, del 7 al 9 de julio, en Hokkaido, Japón, se llevará a cabo el “Diálogo Ampliado” de la cumbre del G-8 con el G-5, y en esta ocasión el presidente Calderón dirigirá la reunión de los Jefes de Estado y/o de Gobierno de este último, pues en septiembre de 2007 México fue designado Coordinador del Grupo e interlocutor del mismo con la presidencia en turno del G8. También han sido invitados los presidentes de Australia, Indonesia y la República de Corea. Calderón realizará asimismo una importante visita de Estado a la República Popular China, a invitación del presidente de esa nación, Hu Jintao (visita que merece todo un comentario aparte).
Los temas que se discutirán en Hokkaido son de la mayor importancia para el mundo. En primer lugar, el calentamiento global, donde se discutirán interesantes propuestas. El primer ministro de Japón, Yasuo Fukuda, quien preside el G-8, ha presentado ya el Programa de Promoción Enfriemos la Tierra, con el objetivo de establecer metas “justas y equitativas” de emisiones de bióxido de carbono, en el cual “deben participar todos los (países) mayores emisores” de CO2, una alusión a la necesaria participación del mayor emisor de todos, Estados Unidos, aunque también propugna la de todos los países en desarrollo. El presidente Calderón, a su vez, ha propuesto crear un Fondo Verde contra el Cambio Climático, a fin de apoyar financiera y tecnológicamente las acciones de mitigación y adaptación al calentamiento global, que ya recibió el respaldo de los ministros de medio ambiente del G-8, cuando se reunieron en mayo pasado con sus homólogos del G-5 en Kobe, Japón, por lo que deberá ser refrendado sin dificultad en la cumbre de Hokkaido, para asegurar así su viabilidad financiera.
La cumbre abordará también los presionantes temas del alza en el precio del petróleo y la estabilización del los mercados financieros, que se relacionan estrechamente con la persistente debilidad del dólar y la inestabilidad del mercado petrolero mundial, a su vez ligados con el déficit de inversiones en este sector y la sangría económica (y política) que a Estados Unidos le representa la guerra en Irak. La subida en el precio mundial de los principales alimentos y la seguridad en el abastecimiento de los mismos, que amenazan una crisis alimentaria mundial, entran en las perspectivas muy preocupantes de la economía internacional a las que se dará atención, pues afectan sobre todo a los países más vulnerables, especialmente de África, y ponen en riesgo el logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio establecidos por las Naciones Unidas como metas mínimas para los países en desarrollo, hacia el año 2015, en materia de salud, educación y abastecimiento de agua.
La cumbre de Hokkaido tratará, además, temas relevantes de la política internacional, como el fortalecimiento del régimen de no proliferación nuclear, concentrado ahora en evitar que Irán adquiera la capacidad de fabricar bombas nucleares, pues Corea del Norte ya ofreció la certificación que buscaba Estados Unidos de que no lo va a hacer. En estos días, parecería que Irán suaviza su posición de confrontación en este tema, y es de esperarse también que Israel no vaya a cometer la imprudencia de atacar las instalaciones nucleares iraníes.
Por su parte, Japón, que se autoproclama como “Nación que Alienta la Paz”, promoverá en la cumbre esfuerzos en este sentido en relación al proceso de paz en Medio Oriente, así como a las guerras en Afganistán y en Sudán, entre otros conflictos.
Como puede apreciarse, las reuniones de los líderes del mundo, como la de Hokkaido, tienen cada vez mayor trascendencia en la política y la economía internacional. El G-13 integra ya a las naciones con mayor influencia mundial, con la capacidad de marcar el rumbo en la solución de los problemas que enfrenta la comunidad internacional; por su composición limitada, no es, no puede ser, un sistema democrático, pero ya es una ventaja que las naciones más influyentes discutan los problemas mundiales de acuerdo a principios de interés general, y que puedan generar acuerdos sobre la misma base, que orienten las decisiones en los organismos globales como Naciones Unidas, o en convenios multilaterales y bilaterales.
Tampoco se puede negar que entre varias de las naciones participantes en la cumbre de Hokkaido existen conflictos de interés, actuales o potenciales, el más evidente entre los últimos la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, pero también la intención de Rusia de retomar su papel protagónico en los asuntos mundiales. Pero lo importante, además de que es una competencia pacífica, es que sus diferencias puedan ser ventiladas con la participación de otros jugadores mundiales, como los que integran el G-13.
Pero, ¿no es excesivo contar a México “entre las naciones con mayor influencia mundial”? La realidad nos indica, por supuesto, que México no se equipara en influencia o poderío a la mayoría de los países del G-8, pero no es erróneo considerar que nuestro país tiene ya una responsabilidad especial en los asuntos internacionales conmensurable a sus fortalezas, que son muchas, y es importante que la ejerza más a plenitud para contribuir al equilibrio mundial, como lo han venido demandando, por ejemplo, los países europeos al convenir con México una “asociación estratégica”.
Tenemos, sí, desventajas o debilidades importantes, que todos deberíamos luchar por erradicar. Dos entre las más significativas: la corrupción y los problemas de gobernanza, no porque sean privativas de nuestro país, pues es obvio que son universales, sino por el alto grado que aquí han alcanzado y porque pueden comprometer el desarrollo general de nuestro país y su viabilidad internacional a largo plazo.
La corrupción es el monstruo que todo lo permea: está detrás, por supuesto, de la “burbuja criminal” que asola el país actualmente; explica en mucho las graves fallas en la buena administración de los asuntos públicos y los abusos de los poderes fácticos contra los intereses generales de la sociedad.
A eso hay que agregar las serias trabas al desarrollo provocadas por las fallas en la gobernanza, por la pobre funcionalidad de nuestra democracia, que no produce los resultados esperados, inclusive en la reducción de la desigualdad económica y la exclusión social, porque la lucha política se agota en disputas interminables, por el poder más que por el bien común, entre las distintas cúpulas partidarias o aun entre los líderes de una misma cúpula, y porque no se acaba de aceitar y aceptar la institucionalidad que tanto trabajo ha costado construir.
Una tercera debilidad importante es nuestra aparente refracción al avance científico y tecnológico, que ha de tener que ver con un sistema educativo que, a pesar de estar aparentemente orientado por una adecuada filosofía contemporánea de educación para todos y laicidad, adolece de lacras operativas y corporativas de las que no logra deshacerse, y no tan solo en la educación básica.Pero nuestras fortalezas deben dominar a nuestras debilidades, y entonces México se mantendrá en sus trece y participará de pleno derecho y con responsabilidades crecientes a la conformación del nuevo mapa mundial entre las principales naciones del G-13.
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