martes, 15 de abril de 2008

Ahorro: no olvidar este aspecto de la reforma energética

La Crónica. Sábado 23 de febrero de 2008
Como va siendo cada vez más evidente, en un mundo en que cuesta mayor trabajo aprovechar los recursos naturales y en el que se manifiesta un deterioro creciente del medio ambiente, es imprescindible utilizar la energía de manera mucho más eficiente. Aun así, en el debate intenso actual sobre la reforma energética no se percibe que los principales actores que en él intervienen le estén dando la importancia que tiene. Es fundamental que no se olvide este aspecto.
Científicos y académicos mexicanos sí están dedicados al tema; en algunos sectores productivos también se hacen esfuerzos de ahorro energético; igualmente, en el Programa Sectorial de Energía 2007–2012 del gobierno federal, presentado en noviembre del 2007, se establecen objetivos, estrategias y líneas de acción para promover el uso y producción eficientes de energía, así como para fomentar el aprovechamiento de fuentes renovables.
Sin embargo, lo anterior no parece permear todavía suficientemente hacia la clase política en sus arduas discusiones actuales sobre la reforma energética.Los números involucrados son de gran magnitud: “Es posible reducir en treinta por ciento el consumo energético nacional en las próximas dos décadas”, según el experto Manuel Martínez Fernández (Premio Nacional de Energía Renovable 2005), lo que estimo equivaldría a un 44 por ciento de la producción actual de petróleo crudo. Si además se lograra combinar el ahorro energético con una utilización creciente de energías renovables —solar, eólica, biomasa, de las mareas— como también recomiendan los científicos mexicanos, se disminuiría fuertemente la presión sobre el sector petrolero nacional, y también sobre el sector eléctrico, además de cumplir el objetivo de reducir significativamente las emisiones de carbono a la atmósfera.
¿Es dable alcanzar tan ambiciosos objetivos? Me parece que sí, pero, como argumentan los expertos, se requerirían acciones que abarcan a todo el espectro social, desde las decisiones de gobierno, los esfuerzos de las empresas por hacer más eficiente su producción en términos de energía utilizada, los científicos en encontrar las maneras, métodos y aparatos para hacerlo, hasta la conciencia de la gente, orientada en mucho por una educación mucho mayor sobre eficiencia y ahorro energéticos.
Todo ello implica medidas concretas de política y es aquí donde entra la reforma energética, para considerarlas debidamente en los diferentes segmentos del consumo. Claudio A. Estrada, director del Centro de Investigación en Energía de la UNAM, al participar en el Foro Universitario Perspectivas Energéticas de México en los Próximos 10 años, realizado en abril de 2007, señaló que corresponde el 42.5 por ciento de consumo de energéticos al transporte, 28.6% al sector industrial, 19.2% al residencial, comercial y público, 4.3% a petroquímica de Petróleos Mexicanos, 2.8% al sector agropecuario, y 2.6 por ciento a otras ramas económicas. Está claro así que se requieren acciones especiales para transformar en uno más eficiente el modelo de transporte, que —sin visiones fundamentalistas de limitar el automóvil particular—, sí dé prioridad al desarrollo del transporte colectivo de personas, seguro y de buena calidad, al mismo tiempo que promueva mayor eficiencia en el transporte de carga, por ejemplo, con mayor utilización del ferrocarril, o los barcos de cabotaje en nuestros 11 mil kilómetros de costas.
En las ciudades, también, es necesario reducir al mínimo posible la movilidad de las personas entre sus viviendas y sus trabajos o centros de estudio, que no es precisamente lo que se lleva a cabo actualmente, como ha descrito en estas páginas David Gutiérrez Fuentes (“Hacinamientos modernos”, 17ene08.) Incluso, en octubre pasado, al participar en un Foro Sobre Movilidad en la Ciudad de México, el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, criticó acertadamente “la política de vivienda, que fija precios muy bajos del suelo pero construye las casas en zonas más alejadas, por lo que los trabajadores viven cada vez más lejos”, y “la necesidad de viajes de largas distancias ha crecido de manera exponencial”. Propuso un cambio en esta estrategia.
Otro aspecto muy importante es el ahorro y uso eficiente de la energía en los propios hogares. En octubre también, fue presentada una interesante “Guía Metodológica para el uso de tecnologías ahorradoras de energía y agua en las viviendas de interés social en México”, elaborada por el Instituto Nacional de Ecología, con la asesoría del experto del Instituto de Ingeniería de la UNAM David Morillón, y de otras instituciones. Las posibilidades de ahorro energético con un mejor diseño de aparatos para el hogar y máquinas industriales son amplísimas.
Se puede apreciar, así, la gran importancia de que el tema sea adecuadamente incluido en la reforma energética. Las leyes y reglamentos no son la solución en sí de los problemas, como a veces estamos tentados a creer, pero indudablemente constituyen una orientación que la sociedad se da a sí misma para alcanzar objetivos deseables.

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