martes, 15 de abril de 2008

Pemex no se privatiza; las carreteras sí

La Crónica. Viernes 11 de abril de 2008
Qué bueno que, finalmente, fue presentada el martes por el gobierno del presidente Felipe Calderón la iniciativa de reforma petrolera (que no energética, todavía). Si las fuerzas políticas de todos los partidos logran anular a los radicales de la “resistencia civil pacífica” impulsada por Andrés Manuel López Obrador y su Frente Amplio Progresista, se iniciará un debate público y el proceso legislativo en el Congreso para darle valor legal a la reforma.¡Qué bueno!, porque el suspens estaba siendo fatal para la discusión de otros asuntos públicos. Por ejemplo, estábamos tan entretenidos para que no se privatice Pemex que casi no nos dimos cuenta que el gobierno federal va a licitar en “paquetes”, seis de ellos, las autopistas más rentables para que la iniciativa privada las opere y construya tramos adicionales, con lo que las carreteras, que corresponden a una función gubernamental por excelencia, se van a transferir de nueva cuenta a la iniciativa privada, que, por muy diferentes razones —la magnitud de las inversiones, las altas y bajas del ciclo económico, los cambios en el flujo de vehículos, las posibilidades de desastres naturales que afectan los caminos— no puede ser una administradora confiable en el largo plazo, como ha sido demostrado, pues el gobierno ha tenido que venir al reiterativo “rescate” de este tipo de negocios.Así es que está muy bien que haya sido presentada finalmente la iniciativa de reforma petrolera, que ha de ser sujeta a un amplio debate legislativo y público en las próximas semanas. No es probable que pueda ser aprobada por el Congreso en este mes de abril, pero sí se abrirán las posibilidades de que lo sea en un periodo extraordinario en mayo, para que el país deje de estar empantanado en el debate petrolero, muy importante pero no el todo de la realidad nacional, y pueda dedicar su atención debida a otros muy importantes problemas.Por supuesto, con las modificaciones que el debate halle pertinentes a la iniciativa presentada, aunque el resultado sea una reforma “light”; pero es mejor así, con el método de reformas graduales, al estancamiento que se ha vivido por muchos años en materia de gestión petrolera.Los diversos actores del debate, en particular, los dirigentes de los partidos políticos, tendrán la gran oportunidad de mostrar su verdadera responsabilidad y alteza de miras, por encima de ambiciones personales o de grupo. El propio Andrés Manuel López Obrador —a quien puede acreditarse que contribuyó, a pesar de sus excesos políticos y posiciones grandilocuentes de “presidente legítimo”, a que la iniciativa petrolera efectivamente no haya llegado a la modificación del artículo 27 constitucional— podría insertarse nuevamente en la institucionalidad, en beneficio de su proyecto político y de su partido, el PRD, tan dañado por su actuación.Es verdad que, junto a los aciertos de impulsar la renovación de la administración del petróleo en apego al artículo 27 constitucional, sin necesidad de privatizar Pemex ni de utilizar mecanismos no aceptables para la mayoría de la opinión pública, como los contratos de riesgo, la iniciativa petrolera del presidente Calderón tiene aspectos que deberán ser revisados o aclarados. ¿Es dable la “autonomía” de Pemex? Quizá no necesariamente. Sí, por supuesto una organización y administración más eficientes, que le permitan responder con dinamismo a los retos que se presentan diariamente, pero es obvio que como activo de la nación Pemex no puede desligarse de los objetivos nacionales.Aparte de que no se habla de tiempos, como si todo fuera realizable de inmediato, en lugar de los 10 o más años que llevará la transición petrolera, la iniciativa tiene también omisiones o lagunas importantes, una de las más evidentes la referente al balance fiscal: ¿cómo se van a compensar los recursos fiscales que, al ganarlos Pemex, pierde el presupuesto federal?El presidente Felipe Calderón concluyó su mensaje difundido el martes por cadena nacional de televisión en el mundo ideal que vendrá con la reforma petrolera: “el Estado podrá garantizar plenamente el acceso a la educación de calidad y a la plena cobertura de salud de todos los mexicanos”… “contar así con recursos para vivir mejor: más escuelas, medicinas, clínicas, hospitales, caminos, carreteras, puentes, agua potable, drenaje, electricidad, vivienda”…”Hay muchos jóvenes que no tienen espacio en la preparatoria o en la universidad y podemos arreglar este problema”.El punto clave es ¿dónde esta el plan de apropiaciones al respecto? La Crónica informó ayer que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, había señalado que la iniciativa de reforma petrolera se complementará con una propuesta de modificaciones a la Ley Federal de Derechos para que baje la carga tributaria de Pemex… que con dichos cambios se buscará dar espacios a la paraestatal para que conforme se vaya generando una mayor producción petrolera de manera sostenida eleve la recaudación“. Pero si se le reduce la carga tributaria, ¿de dónde va a obtener el gobierno los recursos financieros para compensar su presupuesto, que actualmente es cubierto en casi 40 por ciento por Pemex?, ¿de nuevos impuestos?, ¿cómo y a qué fuentes? Sí, el IETU está aportando ya montos importantes, pero se requerirían esfuerzos muy considerables de una política fiscal progresiva que logre que las grandes empresas paguen los impuestos justos que deben; para subsanar lo que Pemex dejaría de aportar al fisco.A 92 dólares por barril de la mezcla mexicana de exportación, también se están recibiendo actualmente fuertes recursos adicionales, pero con la incertidumbre de si será una situación que dure o no, y con la desventaja de que en el corto plazo se sigue reduciendo el monto de petróleo exportado.Esto está relacionado con otra omisión en la presentación de la iniciativa petrolera: no se habla para nada de ahorros en los gastos gubernamentales, objetivo que debería entrar también al debate. Y no es que se trate de hacer miserable al gobierno o sus agentes, pues nuestro país es muy importante y ha de contar con un gobierno respetable, pero hay rubros evidentes en que la eficiencia y los ahorros públicos sería fácilmente realizables: en materia electoral; en propaganda (“comunicación”) gubernamental; en obras de “filantropía” que aparentemente son de empresas privadas pero que son pagadas por los gobiernos. Considerables ahorros se lograrían también al automatizar los trámites y la gestión gubernamentales y de la seguridad social.Debería asimismo incluirse en el debate senatorial el importante tema del uso eficiente y ahorro de energía en el ámbito nacional, que extrañamente no ha sido mencionado para nada esta semana, aunque tiene el potencial de aportar mucho al balance fiscal del gobierno y a la competitividad global de la economía mexicana, además de sus contribuciones al mejoramiento del medio ambiente y a la reducción del calentamiento global. ¿Por qué se sigue quemando todos los días el gas asociado en lugar de aprovecharlo?La transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción en Pemex están en la agenda de los debates, como deberán estar también una política laboral petrolera transparente y responsable, no tan solo en relación al sindicato de Pemex sino que abarque y proteja a todos los trabajadores en los diferentes segmentos de la industria.En fin, las cuestiones de la reforma petrolera son amplias y variadas. Se propone la maquila de petróleo de Pemex para producir gasolinas y otros destilados en refinerías de propiedad privada construidas en suelo nacional, tal como se hace ahora en la refinería Deer Park en Texas, donde participa la Shell. La opción no parece comprometer mayormente la operación estratégica de Pemex, con la ventaja de que se traslada a México el valor agregado de la refinación. Con mayor cuidado habría que examinar las “alianzas con otras empresas para proyectos exploratorios complejos”, mediante los “contratos de desempeño”.Pero qué bueno que el debate se inicie y se termine en un plazo prudente, si el FAP lo permite, aunque sea con la reforma “posible”; para que la discusión pública pueda pasar a los otros temas nacionales pendientes: la privatización de carreteras, las medidas anti recesión; ley de medios; fin a la propaganda de gobiernos; el clero en la política; la crisis de los partidos, etc. etc.

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