La Crónica. Domingo 13 de enero de 2008
Durante su estancia en Guadalajara, a fines de noviembre 2006, el escritor portugués José Saramago declaró “No sé si podemos llamar a éste un periodo de transición. Me parece más bien un periodo de confusión total. Hay muchas confusiones… La protesta que siguió a todo eso (las elecciones) creo que es legítima, natural, pero también digo que me parece que el tiempo de la protesta terminó, ahora es el turno de la política. En el Congreso hay suficientes diputados, más que suficientes, para una oposición fuerte. No es que no haya una izquierda en México, pero hay una izquierda dividida, polarizada, en algunos casos enfrentada y por ese camino no se llega a ninguna parte”. (La Jornada, 27nov06).
El diagnóstico no pudo ser más certero, pero la protesta y las divisiones siguen, como lo muestra ahora la designación de Porfirio Muñoz Ledo como nuevo coordinador nacional del Frente Amplio Progresista (FAP), integrado por el PRD, el Partido del Trabajo y Convergencia.
Para empezar, y como lo recordó el mismo Porfirio, los frentes de partidos políticos nacionales se constituyen, de acuerdo con el artículo 93 del nuevo Cofipe, “para alcanzar objetivos políticos y sociales compartidos de índole no electoral, mediante acciones y estrategias específicas y comunes”. Con Muñoz Ledo al frente del frente va a ser muy difícil limitar al FAP con ese corsé. Se trata de un animal político en el más puro sentido aristotélico del término; una de las mentes más brillantes del México moderno, versado como pocos en la historia y la política nacionales, cuya presencia en la vida pública ha sido una constante desde hace más de 40 años. Numerosos son los puestos públicos que ocupó: secretario general del IMSS, secretario del Trabajo y de Educación Pública. Eficaz diplomático, fue representante de México ante la ONU (donde, presencié de cerca, debió salir al magnificarse interesadamente un incidente sin importancia), y en cuyo carácter fue presidente del Grupo de los 77 (países en desarrollo) y representante de México al Consejo de Seguridad. En años recientes fue embajador de México ante la Unión Europea y Bélgica.
En la vida partidaria, fue presidente del PRI, y, al regresar de Nueva York en 1986, organiza dentro de este partido la “Corriente Democrática”, junto a Cuauhtémoc Cárdenas y Rodolfo González Guevara. Muñoz Ledo y Cárdenas renuncian al PRI en 1988, y luego fundan el PRD, del que Muñoz Ledo sería diputado y luego presidente. En 1991 contendió sin éxito por la gubernatura del estado de Guanajuato. En 1999 renunció al PRD.
Siempre ha estado en la primera línea política pero, curiosamente, su hiperactividad de alguna manera le impide una candidatura a la Presidencia de la República, para la que hubiera tenido méritos más que suficientes. En el PRI, López Portillo le ganó la mano y en el PRD Cuauhtémoc Cárdenas se le atravesó siempre (así como Andrés Manuel López Obrador, incluso cuando buscó la candidatura a la Jefatura de Gobierno del DF por ese partido). En las elecciones de 2000, fue candidato presidencial de una reliquia, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, PARM, pero declinó la candidatura para sumarse a Vicente Fox.
Ahora bien, cuando en 2005 se une a la candidatura de López Obrador a la Presidencia, y después de las elecciones de julio de 2006, Muñoz Ledo se lanza de lleno en la entelequia de la “presidencia legítima” y se radicaliza; como que pierde la esperanza de lograr sus aspiraciones en el esquema político establecido, desencantado con éste: “Nuestro país nunca ha vivido en un genuino estado de derecho aunque haya existido el derecho del Estado (El Universal, 20jul07). Parece adoptar también la concepción marxista de la “agudización de las contradicciones” para lograr un cambio de régimen y conquistar el poder político, como él mismo lo explica: “Por eso creo en la necesidad de profundizar la crisis y de encontrar las respuestas que el país exige en otro estadio histórico” (El Universal, 23nov06). Promueve así una nueva Constitución o la parlamentarización del sistema: “Pareciera haber llegado la hora de la verdad. La ruptura en serio del sistema o su reforma cabal. La disfunción a perpetuidad no es una hipótesis deseable ni sostenible” (El Universal, 17ago07).
En este contexto es que López Obrador, ya con la mira puesta en el 2012, logra imponerlo en la coordinación del FAP, frente al grupo de “Los Chuchos” que impulsaba a Manuel Camacho, y también sobre Leonel Cota, quien ha dado inestimables servicios a aquél. Por supuesto, en términos de capacidad, visión y movilidad políticas y alteza de miras, Muñoz Ledo es muy superior a Camacho y a Cota, pero el problema de Porfirio es que su radicalismo lo hace a él disfuncional para conjuntar eficazmente los esfuerzos en un frente partidario, sobre todo vista la división existente en la izquierda mexicana que tan bien definió Saramago.
El resultado probable es que en el décimo Congreso Nacional del PRD, en marzo, prevalezca para bien, la corriente que desea utilizar la fuerza negociadora de este partido en la escena política nacional en lugar de marginarse en un proyecto radicalizado, y que, como nos dice Ubaldo Díaz, “Porfirio sólo coordine a los líderes del PT y de Convergencia”. Lo que no deja de ser una lástima.
martes, 15 de abril de 2008
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