martes, 15 de abril de 2008

La pasión del PRD

La Crónica. Viernes 21 de marzo de 2008
La elección interna del Partido de la Revolución Democrática realizada el Domingo de Ramos lo sumió en un vía crucis que puede llevarlo a la crucifixión, pero la salud de la vida democrática en México requiere una resurrección de ese partido, misma que, contradictoriamente, sólo podrá darse en este caso si se aparta del Mesías.Como si se lo hubieran propuesto expresamente, dirigentes y miembros del PRD, repasaron en la elección y en sus secuelas durante la semana, “al estilo del paleolítico inferior de la política mexicana”, como dijo alguno de ellos, el catálogo de vicios electorales: fraudes y engaños a la hora de votar, adulteraciones o quema de boletas electorales, maniobras para hacerse aparecer como ganadores, descalificaciones del contrario, arreglos cupulares, polarización entre “los buenos” (nosotros), y “los malos” o “nefastos” (los otros).Y el centralismo endémico que afecta la vida nacional también apareció: la Comisión Técnica Electoral del PRD decidió, además de realizar un “monitoreo especial” de la documentación electoral en Veracruz y Estado de México, que los expedientes y la paquetería electoral de los estados “más conflictivos” en la elección: Tlaxcala, Tamaulipas, Durango, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Zacatecas y Tabasco fueran trasladados a ciudad de México para celebrar aquí el computo y escrutinio ante la presencia de los miembros de dicha Comisión y de la Comisión de Garantías y Vigilancia, lo que dejó muy mal parados a los dirigentes y miembros estatales, que, naturalmente, se opusieron al embate.El PRD es un partido desgarrado por un caudillo voluntarista, Andrés Manuel López Obrador, que apela a la sincera aspiración de muchos mexicanos por una patria más igualitaria, más incluyente, con más oportunidades para todos, para disfrazar su ambición desmedida de poder, lo que hace con un discurso divisionista, faccioso, aun en su propio partido. Apoyó abiertamente a Alejandro Encinas previamente a la elección y su manifestación en el Zócalo capitalino “en defensa del petróleo”, el 18 de marzo, fue convertida también en un acto para favorecer a ese candidato, cuando todavía no se define el disputado resultado definitivo del proceso electoral. Satisfecho, Encinas atizó el encono: “Para cosechar flores hay que cultivarlas y cada cual cultiva lo que cosecha. Lamento que no estén aquí (los representantes de Nueva Izquierda, que prefirieron no asistir para no ser sujetos de ataques), para mí no hay ninguna plaza pública vetada, yo sí puedo estar en todas las plazas públicas del país”.El escándalo electoral amenaza disminuir aún más la base política del PRD, que, con decisiones consistentemente impopulares o inefectivas de sus principales dirigentes, originadas principalmente en la estrategia política del caudillo, ha cedido al PRI en el corto período de julio de 2006 a la fecha el segundo puesto en fuerza electoral que había logrado ganar en la elección federal de ese mes.¿El PRD reflexiona al respecto? No lo parece; en el acto del día 18 en el Zócalo, López Obrador dijo que nadie debía preocuparse “por estas vulgares campañas” (en contra de su percepción sobre la reforma energética), ya que “no importa que al final nos desgastemos políticamente si logramos mantener bajo el dominio de la nación nuestros recursos naturales”. La contradicción evidente es que no podría desgastarse políticamente si sus posiciones fueran tan justas y populares como pregona, pero insiste en su errada estrategia, y propone cercos y bloqueos en instalaciones diversas… encabezados por mujeres. Y así aparece una estampa como sacada de tiempos idos, ¿la Revolución Soviética, la Comuna de París?, con el relato de Jaime Avilés en La Jornada: “En los rostros de las mujeres de todas las edades que cruzaban la plaza rumbo a las salidas había un brillo de satisfacción por el compromiso público, de enorme responsabilidad histórica, que ellas habían aceptado alzando miles y miles de manos, cuando Claudia Sheinbaum les preguntó si estaban dispuestas a encabezar los bloqueos en torno del Congreso de la Unión, los aeropuertos, las instalaciones de Telmex, de los bancos y de Petróleos Mexicanos, a partir del instante en que, como dijo López Obrador, el PAN y las cúpulas del PRI intenten reformar las leyes secundarias para privatizar los hidrocarburos del país!”.Si la oposición a una eventual privatización de Pemex (reiteradamente negada por el gobierno) sería una bandera legítima (en el sentido real del término), las movilizaciones irresponsables de la gente no ayudan a la discusión política a la que están obligadas todas las fuerzas que participan en la vida institucional del país. Naturalmente, legisladores del propio PRD manifiestan creciente desacuerdo con este tipo de decisiones de un solo hombre, y de aquí derivan los dos grandes campos en que el partido está dividido.Tampoco contribuyen al diálogo político las declaraciones estrambóticas, como cuando el líder del Frente Amplio Progresista, Porfirio Muñoz Ledo, afirma: “El anuncio de Calderón hoy (18 de marzo) revela su verdadero propósito, sacar 4 millones de barriles diarios de crudo este año, aumentar un millón de barriles (¡en un año!); eso es hacerle el favor a los grandes centros financieros, en contra de los países productores; aumentando el número de barriles, bajará el precio, es una colaboración que están haciendo para amortiguar la recesión en Estados Unidos”.Estos hechos lamentables demuestran fehacientemente que la izquierda mexicana organizada está en crisis y que, infortunadamente, el fundamento ciudadano que la ha de sostener muestra también serias debilidades, ya que sigue siendo fácilmente manipulable o, peor aún, se refleja que el ciudadano tiene enraizados comportamientos políticos no compatibles con la democracia. En este sentido, sería urgente “federalizar al PRD” para que su línea política reflejara mejor los amplios intereses nacionales de la izquierda, tan necesaria a la vida política del país, actualmente sobre-influida y muy afectada por la grilla perredista de la ciudad de México, con los complicados conflictos entre el caudillo y las diferentes “tribus”, los juegos de grupos de presión e intereses corporativos en esta gran capital y su región adyacente, con la confusión ideológica resultante.El drama detrás de todo esto es que no hay de otra: con este PRD hay que vivir (y con este PAN y este PRI). Los mexicanos tenemos que vivir con estas instituciones políticas, con estos dirigentes de las mismas, porque están hechas a nuestra imagen y semejanza; formamos parte de ellas, no les pedimos y aceptamos que no rindan cuentas, las orientamos y nos beneficiamos en lo particular con su accionar, las toleramos, nos sorprendemos momentáneamente con sus vicios y errores, pero luego los olvidamos. Si “la solución somos todos”, como decía aquel lema de hace 30 años, es que el problema somos todos.En su agudo análisis del martes pasado en estas páginas, Francisco Báez no se muestra muy optimista acerca de la resurrección del PRD, y menciona que “en otros ámbitos políticos pueden abrirse espacios para las otras izquierdas”, las que el PRD actualmente está excluyendo. Eso puede llevar tiempo; por lo pronto, esperemos que esta crisis del PRD resulte una catarsis, que con los resultados de la elección este domingo, y cualquiera de los candidatos resulte ganador, las dos grandes corrientes en que está dividido el partido se unan en un proyecto más incluyente, menos mesiánico, más pragmático; que el PRD resurja y retome sus objetivos de ser la izquierda orientadora, progresista y efectiva que le está haciendo falta al espectro político mexicano.

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