martes, 15 de abril de 2008

Dejarse agarrar o no la pierna

La Crónica. Viernes 1º de febrero de 2008
Existen ejemplos de cómo el negarse a resolver una diferencia de común acuerdo, boicotear una negociación, puede ser muy perjudicial para los propios intereses, pues se obtiene menos de lo que se lograría con la participación y la negociación. Un caso famoso fue el boicot de la Unión Soviética al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 1950 (que reconoció al régimen de Taiwán como gobierno oficial de China y no al comunista de Mao Tse Tung), lo que impidió a la URSS vetar las resoluciones del Consejo del 25 y 27 de junio de ese año, que dieron origen a la Guerra de Corea al autorizar el uso de la fuerza para obligar a Corea del Norte a salir de Corea del Sur, a la que había invadido. Nunca más la URSS dejó de participar en el Consejo de Seguridad.
Otro ejemplo, mucho más cercano a nosotros. En un artículo reciente (Excélsior, 12dic07), José Antonio Crespo da su versión de que el PRD no se automarginó de la integración del Consejo del IFE en noviembre de 2003, cuando ese partido no logró colocar a dos consejeros del Instituto cuyos nombres proponía. Crespo señala que hubo decisión de negociar, pero en su narración se aprecia que la bancada del PRD sí consideró la posibilidad de la autoexclusión, solo que cuando decidió que era mejor participar… era demasiado tarde y el PRI y el PAN le jugaron rudo y votaron solos la integración del IFE. En las actuales negociaciones para la composición del Consejo, el PRD ya no parece estar dispuesto a correr el mismo riesgo.
Sin embargo, el PRD no logra salir de la trampa en que lo tiene la postura de su líder principal (hasta ahora), Andrés Manuel López Obrador, que busca las reivindicaciones que cree justas o su oposición a las políticas del gobierno al margen de los mecanismos institucionales establecidos y con movilizaciones desarticuladas, sin lograr obviamente los resultados deseados, pues en la relación de fuerzas reales actuantes, la suya constituye una minoría manifiesta. Aún más, propugna no negociar con el “gobierno espurio”, con base en visiones apocalípticas de catástrofes por venir, a fin de impresionar o incitar a las masas a la rebelión… pacífica, y así habló de que la cuesta de enero sería insostenible junto con el “gasolinazo”, y pretende hacer lo mismo con los temas de la renegociación del TLC o la recesión estadunidense.
Por supuesto, los problemas existen, y varias de las soluciones que propone son válidas, pero resulta poco realista e inefectivo apostarle a la crisis económica y política, al rompimiento institucional y a la creación de un “nuevo orden”, lo que es poco probable en la dinámica actual del país y la correlación de fuerzas existente. Con esto, muchos miembros del PRD se dan cuenta de que su partido está perdiendo la oportunidad de influir en la dirección del rumbo del país y su gobierno con la considerable fuerza electoral que consiguió en las elecciones de julio 2006, pero que ha venido perdiendo paulatinamente.
La entrevista de nuestro director Guillermo Ortega a Jesús Ortega, publicada ayer en estas páginas, lo reflejan: “El reto más importante es que el PRD aparezca ante la ciudadanía como un valladar que se opone a decisiones que afectan a la nación; pero también —quiero poner énfasis— que construye soluciones para México”… “para acertar en esas respuestas tenemos que hacer uso del instrumento de la política”.
En el mundo real, el PAN y el PRI, sí están enfrascados en perseguir sus propios objetivos y, claro, en particular los de sus dirigentes. El PAN, en apoyo del gobierno del presidente Calderón y, naturalmente, en busca de posiciones más a la derecha, pues, hay que reconocerlo, Calderón mantiene hasta ahora más bien una política de centro que de derecha. El PRI jugando a ser el fiel de la balanza, principalmente impulsado por su líder en el Senado, Manlio Fabio Beltrones.
¿Y el PRD?, entrampado en las paradojas que detalló Francisco Báez Rodríguez en La Crónica el pasado martes, y en ocurrencias como la “huelga legislativa” decretada por el Frente Amplio Progresista, la no participación en los trabajos de la Comisión de Energía del Senado, la “paralización del país”, así como con acusaciones de “se es mexicano o se es traidor”, de “entregar el cuerpo” o de dejarse “agarrar las piernas” a sus miembros que osan ejercer las prerrogativas de los afiliados a cualquier partido político: buscar el poder por la vía pacífica y democrática, es decir, a través de la negociación política, y cumplir con las obligaciones de observar la Constitución y de respetar las leyes e instituciones que de ella emanen.
Jesús Ortega lo resalta: “Sí se necesita cambiar las instituciones, pero desde la política, no desde la confrontación estéril. Si dicen que esa es una posición moderada, pues no me ofende. Y ser dialoguista es una virtud”.
En la agenda del PAN, las “reformas” energética y laboral tienen prioridad. La primera, como han estado reiterando los más altos funcionarios del gobierno, sin pretender la privatización de Pemex; la segunda, infortunadamente, sin incluir la transparencia en la operación de los sindicatos. Buscará el PAN otras cuestiones relativamente menos problemáticas, como la pensión universal para adultos mayores, cambios al Artículo 4 constitucional para garantizar la cobertura universal en materia de salud o la modernización del marco jurídico del Congreso de la Unión (lo que no incluye, lástima, la modernización de los partidos políticos).
El PRI concuerda en la reforma energética, sin modificación del 27 constitucional, y tiene algo menos de interés en la laboral, aunque quizá aquí acompañaría al PAN al darse los quid pro quo del proceso negociador. El PRI también ha dejado ver en estos días su interés en participar en el manejo de la “política social”, sobre todo por su influencia entre los electores. Beltrones hasta proponía la desaparición de la Secretaría de Desarrollo Social, pero ahora se conforma con una “política social de Estado”, es decir consensuada entre las diferentes fuerzas políticas, “que corrija el modelo que ha generado tanta desigualdad en el país”. En consonancia con eso, ha agregado el PRI a sus propuestas un tema muy importante: la regulación de los monopolios.
Finalmente, Beltrones insiste en la creación de la figura de “jefe de gabinete”, que entrometería al Legislativo en la administración del Ejecutivo, aunque es probable que este último tema no prospere más allá de las primeras escaramuzas negociadoras.
Como se aprecia, como partido de oposición el PRI va con todo, con la facilidad de que el PRD, el único del que podría esperar competencia electoral frente a las propuestas del gobierno y del PAN, está siendo obligado a no dejarse agarrar la pierna, a rechazar la negociación política.Y no tan sólo pierde el PRD sino una buena parte del pueblo de México que busca en ese partido un apoyo efectivo a sus reivindicaciones.
Como escribió hace tiempo José Woldenberg (Reforma, 16sep04): “Hoy, la coexistencia de la pluralidad en las instituciones del Estado, hace de la negociación política entre formaciones distintas y claramente diferenciadas una necesidad, no un lujo; una imposición de la realidad y no un asunto sujeto al talante de los operadores políticos”.Y hay otro punto que importa mucho a los ciudadanos en general: en una buena gestión pública o administración gubernamental no todo es crear y legislar reforma tras reforma indefinidamente. Llega el momento de operar, de accionar, de trabajar sobre lo existente, de administrar con mayor eficiencia en el esquema ya establecido, y allí también el PRD tendría mucho que aportar: ¿no se necesita una ley Abascal?, pues que el PRD argumente las mejores formas de elevar la productividad sin desproteger al trabajador; ¿hay que fortalecer a Pemex sin modificar la letra y el espíritu del artículo 27 constitucional?, que el PRD se esfuerce en proponer el método idóneo a seguir.
Además, como sabe cualquiera versado en lides amorosas, agarrar, o dejarse agarrar la pierna, es apenas el inicio de la negociación.

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