martes, 15 de abril de 2008

Una familia de Imecas

La Crónica. Viernes 4 de enero de 2008
El Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (Imeca, que mide la concentración en la atmósfera citadina de cinco elementos: ozono, partículas menores a 10 micras —PM10—, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y monóxido de carbono) ha estado en algunos días de las dos últimas semanas en niveles bastante altos, casi para que se decretara una pre-contingencia ambiental. Aun si se toman en cuenta las críticas de que el Imeca requeriría ser complementado para que mida otros contaminantes presentes en el aire de esta capital, y de que el propio Gobierno del DF controle sus fuentes de contaminación, es posible reconocer su beneficio y la importancia de avanzar tecnológicamente en su aplicación con cada vez mejores modelos de calidad del aire.
Al mismo tiempo, en esta ciudad en que el aumento de la contaminación ambiental rebasa con mucho los esfuerzos oficiales y privados para contrarrestarla, creo que sería de interés público aumentar la familia de los Imecas, es decir, crear nuevos índices para medir la contaminación urbana en diferentes rubros, que pudieran estar sujetos al escrutinio público y al mejoramiento consecuente de su aplicación, todo ello en beneficio de un mejor medio ambiente para los millones de habitantes de la ciudad de México y su zona metropolitana.
Para empezar, necesitaríamos el Índice Metropolitano de la Calidad de Disposición de Basura (Imecadiba), que mediría el grado de cumplimiento de la Ley de Residuos Sólidos, en vigor en el Distrito Federal a partir de enero del 2004. La Ley obliga a la separación primaria de la basura apenas en orgánica e inorgánica, pero el Imecadiba se podría ir complementando para que la basura inorgánica fuera separada, desde el origen por los propios generadores, es decir, los habitantes de la ciudad antes de entregarla al camión recolector, en distintos recipientes, a saber: a).- plásticos diversos, excepto los envases PET de refrescos, que se aprovechan por separado; b).- papel y cartón; c).- periódicos y revistas; d).- metales (las latas de aluminio, en lo posible aparte); e).- vidrio. El Imecadiba indicaría también cómo se cumple el no dejar la basura tóxica (pilas, celulares, televisores, computadoras, o sus partes), para que se la lleve el camión, sino que su disposición fuera a través de las tiendas que venden esos aparatos o algún otro medio especial, como el establecido por el programa “Manejo responsable de pilas en la ciudad de México”, que dio inicio el 27 de febrero del año pasado y que, aunque no funciona muy bien por vandalismo y otras razones, consiste en la adaptación gradual de 250 “Columnas Informativas y Turísticas” con un contenedor que permite almacenar temporalmente las pilas que la población deposite y que una empresa envía a reciclaje o disposición final.
El Imecadiba sería multifacético, pues mediría las opciones para disponer adecuadamente de los líquidos o materiales contaminantes (pintura, solventes, aceites de motor, aceites corrosivos, medicinas), y evitar que vayan a la tierra o al drenaje. Los desechos voluminosos (muebles, llantas, aparatos del hogar, ramas, etc.) serían objeto de un apartado especial. También incluiría mediciones de las formas en que los dueños de perros cumplen con las disposiciones de recoger los excrementos de sus animales cuando los sacan a pasear a la calle.
Ciudades europeas y estadunidenses han empezado a prohibir el uso en supermercados de bolsas de plástico fabricadas con derivados del petróleo, no biodegradables, por los grandes problemas ambientales que ocasionan: duran hasta 1,000 años, ensucian calles, drenajes, árboles; matan pájaros y otros animales. El Imecadiba calcularía qué tanto se dejan de usar estos plásticos o se sustituyen por biodegradables.
Otro indicador útil sería el Índice Metropolitano de la Calidad de Uso y Abastecimiento de Agua (Imecaua), tendiente a superar el estado actual de incompetencia en el cuidado del agua, en una ciudad cuyo consumo diario del elemento se abastece en dos terceras partes de los mantos freáticos, que se agotan y se degradan; que no aprovecha los torrentes de lluvia que caen anualmente en esta olla, situada a 2,400 metros sobre el nivel del mar, por lo que la otra tercera parte tiene que subirse, proveniente de fuentes externas y con un gran gasto de energía.
El Imecaua mediría los avances en la superación de esa situación, así como la cobertura mínima del servicio de agua potable a todas las colonias de la ciudad, su uso racional y no desperdicio; los avances en una nueva red de agua potable que sustituya la ya muy deteriorada que existe y que causa muchas y frecuentes fugas.
El Índice Metropolitano de la Calidad de Uso Apropiado de los Espacios Públicos (Imecauep) frenaría la ambición desmedida de fraccionadores y controlaría la reglamentación del uso del suelo, el respeto a los espacios públicos y la no apropiación de los mismos para usos privados. A través del Imecauep se vería el cumplimiento de objetivos como evitar: la aparición de “giros negros” o no autorizados, talleres mecánicos en la vía pública; la proliferación del ambulantaje; la extensión de negocios establecidos que invaden espacios bajo puentes o banquetas; la invasión de éstas por automóviles que se estacionan en batería sobre ellas. Propondría soluciones como la promoción y financiamiento de estacionamientos apropiados, la localización en edificios adecuados de tianguis o mercados sobre ruedas.
El Índice Metropolitano de la Calidad del Tránsito y Transporte (Imecatrans) registraría la aplicación de una ingeniería de tránsito moderna, con una red totalmente computarizada para manejar las diferentes condiciones de vialidad y sincronizar los semáforos correlativamente; eliminar la inmensa mayoría de topes y barreras a la circulación.
El actual gobierno del DF se ha decidido al parecer por el “diseño de políticas públicas y la implementación de acciones para ordenar y, sobre todo, disminuir la cantidad de vehículos en circulación”, es decir, por la solución de largo alcance de estímulo a los medios masivos de transporte (Metro, Metrobús, Tren Ligero, autobuses modernos y eficientes), para hacer menos presionante y necesario el uso del transporte individual de automóviles. El Imecatrans mediría los avances al respecto.
El Índice Metropolitano de la Calidad del Ambiente Visual y Sonoro (Imecavis) serviría para ir midiendo y controlando la disminución de la extendida contaminación visual y auditiva de nuestra ciudad por comerciantes y publicistas inescrupulosos, y por restaurar la hermosura que fue característica del paisaje de la región más transparente del aire.
El Índice Metropolitano de la Calidad de la Infraestructura Urbana (Imecaiu) sería herramienta para llevar el control tanto del diseño y calidad de las grandes obras urbanas de infraestructura —que dejan mucho que desear en estos tiempos porque parecen hechas para quedar obsoletas en tres años— como de su adecuado mantenimiento, bastante mal igualmente.
El Imecaiu registraría soluciones como nuevos cableados de luz, teléfonos y televisión, de preferencia subterráneos, que sustituyan las antiestéticas y peligrosas marañas de cables aéreos, así como tecnificar los modelos de plantación de árboles en vía pública para evitar que afecten el cableado eléctrico, las estructuras de casas, edificios, banquetas, camellones y drenajes.
Como se aprecia, los nuevos Imecas tendrían que ver, sobre todo, con la incorporación de avances tecnológicos y procedimientos racionales y de orden de la obra pública en esta capital, con posibilidad de escrutinio ciudadano a su ejecución y operación por las autoridades de la ciudad. No es mucho pedir en una urbe de la importancia de la ciudad de México.

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