martes, 15 de abril de 2008

Elecciones EU. El futuro del muro

La Crónica. Viernes 29 de febrero de 2008
La presente etapa del proceso electoral en Estados Unidos, con primarias el martes 4 de marzo en Ohio y Texas (además de Rhode Island y Vermont), está denotando la compleja problemática comercio-migración-seguridad que enfrentan actualmente las relaciones México-Estados Unidos, que debiera ser entendida mejor por los electores norteamericanos para propiciar la convivencia productiva entre ambos países a que los duros datos de la geografía, la economía y la historia obligan.
El próximo gobierno norteamericano debería tener el mandato de derrumbar el vergonzoso muro fronterizo y llegar a un acuerdo migratorio integral con México. Esta semana, en el Partido Demócrata, donde prosigue la fiera lucha por la candidatura entre Hillary Clinton y Barack Obama, el Tratado de Libre Comercio de México con Estados Unidos (y Canadá), fue uno de los principales puntos de discusión en el debate que realizaron en Cleveland, Ohio, a tal punto que la Clinton, aunque dijo también que en algunas partes, como Nueva York o Texas, el acuerdo ha tenido éxito, volvió a amenazar que “en caso de llegar a la Casa Blanca, le diré a México y Canadá que nos saldremos del Tratado a menos que acepten renegociar los estándares ambientales y laborales”. Obama estuvo de acuerdo con esta visión al insistir que los tratados comerciales han funcionado para los grandes intereses corporativos, pero no para la clase trabajadora: “Creo que tendríamos que usar el martillo argumental de nuestra salida para asegurarnos que podemos renegociar para mejorar los estándares laborales y medioambientales del TLCAN”. (Bueno, no está de más hacer notar que se fueron por la tangente de “mejorar los estándares laborales y medioambientales”, un objetivo que sería también muy importante para México.).
Pero en El Paso, “No Pase”. La operación así irónicamente llamada —que endurecerá las penas contra migrantes que crucen sin documentos a Estados Unidos, principalmente contra los reincidentes, a los que se encarcelará— fue puesta en vigor por autoridades de ese país el lunes, en un tramo de “cero tolerancia” de 3 millas en la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso, una de las regiones fronterizas más estrechamente ligadas. “La puesta en marcha de la operación “No Pase” es lamentable y amerita un reclamo de todo el Estado mexicano, coincidieron los titulares de los poderes Legislativo y Judicial del estado de Chihuahua, así como la Iglesia católica en esta frontera y organismos defensores de los derechos de las personas”, informó el Diario de Ciudad Juárez.
Para Fernando García, director ejecutivo de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos, “existe la intención de extender el Programa “No Pase” tanto al resto del sector El Paso de la Patrulla Fronteriza, como al interior de Estados Unidos, con graves consecuencias sociales, ya que otorgará trato de criminales a los migrantes”, según reporta a su vez El Diario de El Paso, que recuerda que en Arizona la Patrulla Fronteriza implementa desde mediados de enero el Operativo “Streamline” de cero tolerancia contra la migración indocumentada.
Esta semana también, se reunieron en Los Cabos, Baja California Sur, los secretarios de Gobernación y Economía, Juan Camilo Mouriño y Eduardo Sojo, con los secretarios de Seguridad Interna de Estados Unidos, Michael Chertoff, y de Comercio, Carlos Gutiérrez, así como sus contrapartes de Canadá, para preparar la cumbre de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, que se realizará en Nueva Orleáns el 21 y 22 de abril próximo. Pero el embajador de Estados Unidos en México, Antonio Garza, resaltó en declaraciones previas, además del objetivo de “facilitar los negocios de las compañías de América del Norte”, el de “asegurar que los tres países estén a salvo de terroristas”. Reconoció también que “el gobierno de Estados Unidos debe hacer más para reducir la demanda de drogas y detener el tráfico ilegal de armas a México”. Dijo todavía más el embajador: “Lo más importante es que los gobiernos de México y de Estados Unidos han superado los días de ‘echarse la culpa’ y lograr un frente común,… estamos trabajando conjuntamente como nunca antes y aceptando nuestras responsabilidades compartidas”.
Se hacen notables, así, las serias contradicciones que enfrenta actualmente nuestra frontera norte de 3 mil 200 kilómetros, por donde cruzan diariamente hacia un lado u otro más de un millón de personas y un comercio bilateral de bienes cuyo valor anual en 2007 alcanzó 364 mil millones de dólares (223 mil millones de exportaciones y 141 mil millones de compras); frontera donde se localizan unas 30 ciudades gemelas importantes mexicano estadunidenses, cuyos habitantes se relacionan y cooperan activamente en muchos aspectos de su vida diaria, prácticamente como parte de una misma comunidad, pero que igualmente es una de las fronteras más concurridas por el tráfico de estupefacientes, de armas y de personas… pero no de terroristas.
Pero, por temor a los terroristas, en esa frontera se construye un muro de mil 126 kilómetros de largo, un muro que por supuesto enfrenta oposición en las regiones fronterizas donde se construye, incluso de las propias autoridades municipales, pues se denuncia su invasión y partición de propiedades, su introducción de tensiones entre las comunidades a ambos lados de la frontera, sus efectos destructivos sobre el hábitat fronterizo. Se erige un “muro virtual” que involucra torres con cámaras, radares y detectores sofisticados, helicópteros, patrullajes, que convierten a la frontera en una zona militarizada.
Los precandidatos presidenciales se ven inmersos en estas contradicciones: puesto que tienen que satisfacer a los grupos de interés de sus partidos en los estados donde se van realizando las primarias; así, es entendible que Clinton y Obama hayan manifestado posiciones críticas al TLCAN en Ohio, donde la transformación industrial de Estados Unidos, que no el TLCAN, ha provocado que en esta década se hayan perdido más de 200 mil plazas laborales. En Texas, por el contrario, al menos en el sur, hay esperanzas de que el próximo presidente (a) de Estados Unidos sea “más fronterocéntrico”, como declaró a AFP el diputado local texano Aarón Peña, que apoya a la Clinton, y que el nuevo gobierno reduzca al mínimo o de plano eche atrás el proyecto del muro. Por ello, en el debate en ese estado Clinton y Obama dieron a entender que mejores métodos de vigilancia podrían ser solución más apropiada que la valla de acero, y cortejan activamente el voto mexicano-estadunidense con anuncios y mensajes en los medios, que en radio se entreveran con canciones rancheras mexicanas.
Por su parte, el virtual candidato republicano John McCain, de visita en San Antonio, Texas, el miércoles, al necesitar atraerse el ala más conservadora de su partido —que le critica fuertemente sus posiciones relativamente liberales en el Senado, en particular su propuesta de política migratoria, que contemplaba la regularización de indocumentados que residen y trabajan por largo tiempo en EU— respaldó la construcción del muro fronterizo, aunque con la salida de un acuerdo migratorio: “en lo que respecta a inmigración, la prioridad debe ser la seguridad de la frontera. Una vez alcanzado eso, otorgar permisos de trabajo para aquellos que desean laborar en Estados Unidos”.
Importante será que el electorado estadunidense y sus candidatos a la presidencia entiendan que hay que resolver estas contradicciones en concordancia con las realidades subyacentes y las mejores tradiciones políticas estadunidenses. La migración mexicana está constituyendo, de hecho, el mercado común de mano de obra de que adolece el libre movimiento de mercancías y de inversiones establecido por el TLCAN, así es que un acuerdo integral sobre migración con México, bilateral, y que luego incorpore a Canadá, sería el complemento al proceso de integración económica que el TLCAN ha traído consigo en estos 15 años.
En todo caso, se trata de un ajuste temporal; en otros 15 años, la acelerada transición demográfica de México y la propia transformación económica de nuestro país, cambiará drásticamente el panorama migratorio: disminuirán sensiblemente, si no es que desaparecerán, las corrientes migratorias de México al norte; se incrementarán las de pensionados y otros norteamericanos en busca de nuevas oportunidades de vida hacia el sur, y se mantendrá todavía un tiempo la absorción por México de trabajadores centroamericanos.
Es pues esencial terminar con el enfoque unilateral de Estados Unidos en materia de comercio-migración-seguridad, pues si prosiguiera, si se mantuviera el muro, si se insiste en criminalizar al migrante mexicano, se obligaría a México a buscar, también unilateralmente, otras soluciones apropiadas.

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