La Crónica. Viernes 15 de febrero de 2008
El Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, parece estar siempre ejercitándose en un difícil equilibrio en la cuerda floja, porque piensa que su futuro político necesariamente depende de esa práctica. Al final del día, sexenal, quizá se dé cuenta de que más le habría valido una política directa, bien plantada y consistente para resolver de verdad los múltiples problemas de esta metrópoli, dejando el circo, los proyectos faraónicos, la faramalla o la pose a otros.
Me recuerda a su amigo, el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, a quien los electores estadunidenses de su partido no le perdonaron en las actuales elecciones primarias de ese país su falta de autenticidad, a pesar del glamour de que se rodeó después de los atentados del 11 de septiembre 2001.
Me explico: Ebrard ha sido mucho más congruente que sus antecesores en el cargo, al menos de los últimos 20 años, en la orientación de ciertas propuestas y acciones de gobierno adecuadas a las necesidades actuales de esta gran ciudad: impulso al transporte masivo, solución al problema del ambulantaje, fortalecimiento de la recaudación impositiva propia, combate a la delincuencia organizada, recuperación de espacios públicos, modernización de infraestructura urbana. Por supuesto, el inmenso rezago existente en éstas y otras áreas y la intrincada maraña de intereses creados no dejarán que fructifiquen fácilmente estas políticas, pero esa orientación es correcta y habría buenos resultados para la ciudad y sus habitantes si persistiera en ella.
Pero…y aquí es donde entra el equilibrista, Ebrard siente la necesidad de promover artificialmente su imagen (como lo están haciendo, por cierto, todos los políticos con aspiraciones en este país), lo que hace a costa del erario público, con medidas populistas o con alianzas dudosas y, peor aún, en contra de las políticas urbanas sensatas mencionadas arriba.
Así, contra toda eficacia ecológica y presupuestaria, gasta muchos millones de pesos en proyectos de imitación extralógica, como “playas” y pistas de hielo artificiales, en lugar de reforzar las actividades deportivas y de diversión pública permanentes, incluido el patinaje en pistas de cemento y la natación en verdaderas albercas, descentralizadamente, en los muchos espacios adecuados que la ciudad tiene o que se podrían habilitar para ello, con menores recursos. Igualmente, y con el pretexto de iniciar las celebraciones del bicentenario de la Independencia en este año 2008, impulsa proyectos faraónicos. Primero, contra toda su buena política de recuperación de espacios públicos, con una Torre del Bicentenario que se apropiaba grandes trechos del Bosque de Chapultepec, proyecto que, afortunadamente, fue desechado gracias a la presión de la opinión pública. Ahora, y en contradicción con su acertada política de impulso al transporte masivo, con un Circuito del Bicentenario y, lo último, el Megatúnel del Bicentenario (todavía no le llama así, pero no tardará.)
No es descalificable en sí la realización de obras emblemáticas para celebrar un aniversario importante, y los bicentenarios de la Independencia y la Revolución en verdad ameritarían una gran obra urbana simbólica. Pero, ¿una torre de oficinas, un anillo vial? Sería mucho más importante y representativo que el Centro Histórico de la ciudad, en sus varios perímetros, e incluso hasta Chapultepec y La Villa de Guadalupe, quedara auténticamente remozado para el 2010, con un Zócalo esplendoroso en el centro.
Por cierto, sé que no es políticamente correcto poner de ejemplo una iniciativa oaxaqueña, pero creo que sería formidable que la ciudad de México tuviera algo similar para el 2010. Se trata de un cuerpo colegiado, llamado “Unidad de Gestión”, integrado por funcionarios estatales y municipales, organizaciones sociales, comerciales y especialistas, y que tendrá la misión, a partir de este mes, de autorizar todas las iniciativas o acciones relacionadas con obra pública y patrimonio cultural en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca.
En nuestro DF están muy bien los proyectos de las varias líneas del Metrobús, la correspondiente modernización y ordenación de autobuses y taxis, así como la línea 12 del Metro, pero ¿es congruente con esta política que el Circuito Interior (el del Bicentenario) sea una vialidad confinada de 32 kilómetros? La ingeniería de tránsito moderna fácilmente explica que en una ciudad congestionada de vehículos como la nuestra, con cuellos de botella en prácticamente cada intersección y cada salida a provincia, está destinada al fracaso la solución, carísima, de puentes y distribuidores viales, porque si resuelven el problema en un cruce, de inmediato el cuello de botella se produce en el siguiente. (Por cierto, medio resuelven el problema, pues las “gazas” —carriles— son tan estrechos que van a quedar obsoletos rápidamente.) Los “ejes viales”, construidos hace 30 años fueron exitosos porque incrementaron la movilidad de los vehículos hacia todas las direcciones, y no se pretendió que fueran vialidades confinadas. Se requiere, pues, mayor movilidad y no confinamiento u obstáculos a aquélla, a los que son tan afectos nuestros funcionarios de tránsito.
Se desatiende, además, el otro aspecto de una solución de movilidad de vehículos más ágil: no se vislumbra ningún proyecto de control electrónico integral de semáforos que varíe su secuencia y sincronización de acuerdo al flujo vehicular en las diferentes horas del día, y en las diferentes zonas de la ciudad, y que diseñe también modalidades más eficientes de direccionamiento del tránsito.
Se informa que el Circuito del Bicentenario tendrá pavimento de concreto hidráulico en toda su extensión. Enhorabuena que las obras urbanas se hagan cada vez con mejor calidad, pero lo que resultaría incongruente es que el pavimento de miles de kilómetros de calles y avenidas de nuestra ciudad quede en el lamentable estado de recubrimiento actual, en tanto que sólo algunas vialidades principales tengan concreto o nuevo pavimento asfáltico, como pasa actualmente.
En esto último tiene el nuevo Contralor General del DF, Ricardo García Sáinz, una de sus tareas iniciales importantes: la calidad del programa de repavimentación deja que desear; por un lado, repavimentan principalmente vías primarias, aunque en realidad en muchas de ellas su pavimento estuviera relativamente en buenas condiciones (Calzada de Tlalpan, un ejemplo), y se dejan abandonadas a sus baches todas las demás calles o avenidas en todas las delegaciones. Item más: se hacen dos, tres repavimentaciones, una sobre otra, pero se dejan las coladeras del drenaje a su nivel original, y así es una tortura para conductores de vehículos pasar por los miles de baches-coladeras en calles y avenidas citadinas. Bueno, creo que en Reforma sí las dejaron a nivel.
Ebrard mismo anunció el lunes el proyecto del túnel para vehículos de Santa Fe al Auditorio Nacional en Reforma. Sí, hay un problema serio de acceso a esa moderna zona de la ciudad, pero ¿de dónde sale que la solución es un megatúnel, que pasaría por zonas minadas, que podría tener riesgos serios de sofocación por humos o eventuales incendios de vehículos, de canalización de aguas en tiempos de lluvias, cuyas obras afectarían el Bosque de Chapultepec? Como ya ha sido señalado, el proyecto tiene mucho en común con el segundo piso del Periférico: sus beneficios a un pequeño segmento de la población tendrían un altísimo costo.Si se quisieran soluciones verdaderas de acceso a Santa Fe, y de hecho a todas las localidades altas del poniente de la ciudad, habría que hacer obras similares al Puente de los Poetas, pero complementadas necesariamente con varios ramales de amplios ejes viales, sin topes, que bajen por las lomas de esa zona hacia Tacubaya, Mixcoac, Barranca del Muerto, San Ángel. La misma Constituyentes podría ser ampliada. Eso requeriría expropiaciones por causa de utilidad pública de muchas propiedades para formar los ejes viales, expropiaciones que si se realizaran a precios justos para los dueños, se combinaran con desarrollos habitacionales decentes para inquilinos desplazados, y políticas de mejoramiento urbano en toda la zona, serían bien aceptadas por sus habitantes, y el costo quizá sería similar al del megatúnel.
Claro, costaría un mayor esfuerzo de planeación y administración y los beneficiados no serían tan sólo las compañías constructoras sino toda la comunidad.¡Ah, pero se me olvidaba! Este sábado tendremos, ¡en el Zócalo, faltaba más!, partido de futbol “satírico”, “en defensa del petróleo mexicano”. Seguro hay goliza de los “Patriotas” a los “Traidores”.
martes, 15 de abril de 2008
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