La Crónica. Sábado 26 de enero de 2008
Se trata, evidentemente, de una exhibición artística de valía: el interior, diseñado por el arquitecto colombiano Simón Vélez, que, como dicen los espectadores, “parece una catedral gótica”; las fotografías y películas del canadiense Gregory Colbert, una temática de bellos encuentros entre seres humanos y animales, tan interesantes que algunos coleccionistas pagan por ellas de 60,000 a 350,000 dólares; la idea de resaltar el reciclamiento de materiales naturales como el bambú.
Pero, ¿por qué presentar esa exhibición precisamente en el Zócalo, que sigue así convertido en botín de comerciantes, y políticos, que no respetan el simbolismo ni la magnificencia de la Plaza Máxima de nuestro país? Una, por fuera, horrible estructura meses y meses estorbando la gran perspectiva de nuestro Zócalo.“Cenizas y nieve”, como Colbert titula a su obra, fue originalmente presentada en Venecia, pero allí, obviamente, no le iban a permitir levantarla en la Plaza de San Marcos, sino que fue alojada en un antiguo astillero, el Arsenale. En Nueva York, después, no se presentó en Times Square, ni en Washington Square, ni en el Central Park, sino en una orilla, el Muelle 54 del Río Hudson. En Los Ángeles, fue levantada allá, en un muelle de Santa Mónica. También en un lote baldío en Odaiba, isla artificial urbanizada de la bahía de Tokio, y no frente al Palacio Imperial. Hay niveles de respeto.
Y también es entendible otra razón: “Cenizas y nieve” fue pensada originalmente para ser ensamblada fácilmente en un puerto (Venecia, Nueva York, Santa Mónica, Tokio); por eso esta armada sobre una estructura de grandes contenedores de acero, propios de la carga marina. En cambio aquí, en el Zócalo, se deshace esa intención, y su pretendida racionalidad ecológica, pues hubo que elevar contenedores y otros materiales a 2240 metros sobre el nivel del mar, al centro de una gran ciudad, con un altísimo gasto (¿dijeron 5 millones de dólares?).
En realidad, ha quedado claro, el Museo Nómada, no fue, como se había difundido, una promoción de la Secretaría de Cultura del gobierno de la ciudad, sino que fue traído al Zócalo por Bernardo Gómez, de Televisa, según dijo el mismo Colbert en el primero de los largos segmentos que el noticiero de Joaquín López Dóriga ha estado dedicando a la muestra desde el 14 de enero. ¿De qué se trata, el Zócalo a disposición de Televisa y de Telmex como concesión del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard…?
Por supuesto que es válido, conveniente y hasta muy necesario que los grandes empresarios del país hagan aportaciones filantrópicas de importancia para la inclusión social y el enriquecimiento cultural de los mexicanos; y también es aceptable que los políticos promuevan la conjunción de esfuerzos con la iniciativa privada para fortalecer programas de gobierno. Pero ambos, empresarios y políticos, deben ser muy escrupulosos para que su colaboración no esconda propósitos menos altruistas y, al mismo tiempo, para respetar los valores de la comunidad. Hasta el bonito emblema de una sociedad benemérita y famosa, el “cuadro amarillo” de la National Geographic Society, representado por una fea escultura gigante de fierro pintado, fue colocado por semanas frente a Bellas Artes, ¿por qué se permite eso?
Así, “Cenizas y nieve” pudo muy bien ser presentada en uno de tantos espacios abiertos que tiene la ciudad de México: explanadas de la delegación Venustiano Carranza, en la Ciudad Deportiva, del estadio Azteca… pero no en el Zócalo. Lo mismo puede decirse de otra diversión muy exitosa para el público citadino promovida por la cooperación político–empresarial, la pista de hielo (que no fue sólo pista, sino estructuras comerciales, estacionamiento para los coches de los influyentes, sanitarios, etc.), que pudo muy bien ser alojada en muchos otros sitios y no el Zócalo.
Ahora, el promotor José Sulaimán informó esta semana que en mayo venidero el Zócalo se convertirá en una gran arena de boxeo muy probablemente con una pelea de campeonato del mundo, “proyecto en el que por supuesto están inmersos el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard y el director del Instituto del Deporte del Distrito Federal, Pedro Pablo de Antuñano”. ¿Se permitirá eso?
Es muy plausible que el Jefe de Gobierno Ebrard esté empeñado en ordenar el centro de la ciudad y de las delegaciones de la misma, con la reubicación de los vendedores ambulantes en plazas apropiadas a su actividad, así como con la restauración urbana y embellecimiento de dichas zonas, lo cual es de gran interés para todos, que así veremos restituido a la altura que merece el patrimonio cultural e histórico de la ciudad de México. Pero sería inconsecuente que los espacios así liberados fueran cedidos, ya no al comerciante ambulante, sino al empresario fulano o zutano, a ferias y conciertos de todo tipo, o a chamanes y brujos que proliferan. Nuestra ciudad tiene muchos edificios y espacios donde pueden ser presentados mucho mejor y apropiadamente todos esos eventos.
El carácter histórico del Zócalo como lugar de encuentro y manifestación política está obviamente fuera de discusión; magnas concentraciones de ciudadanos, reflejo del pulso político nacional, ha habido y habrá en esa gran plaza. También, la imponente ceremonia del “Grito”, el 15 de septiembre, y el desfile militar del 16, son las mejores tradiciones mexicanas. Pero el Zócalo NO es un centro de convenciones; enhorabuena que el Foro Social Mundial haga una manifestación multitudinaria allí este fin de semana, pero es del todo impropio que se hayan levantado carpas en la plancha del Zócalo para las reuniones del Foro, cuando la ciudad tiene muchos lugares para albergar esos encuentros. ¿No pudiera haber sido realizado el Foro con mucha mayor dignidad en las magníficas salas de la Unidad de Seminarios del Centro Cultural Tlatelolco, inmueble que ocupó antes la SRE y ahora la UNAM?No, tenía que ser en el Zócalo.
No se vale.
martes, 15 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario