La Crónica. Domingo 10 de febrero de 2008
Programado para ser realizado después del “supermartes” de las elecciones primarias de Estados Unidos, con la probabilidad de que estuvieran ya definidas las candidaturas de los partidos Demócrata y Republicano, a partir de este domingo y hasta el día 14, el presidente Felipe Calderón estará en ese país, en visita a Nueva York, Boston, Chicago, Sacramento y Los Ángeles, viaje que iba a realizar en noviembre de 2007, pero que fue cancelado debido a las inundaciones en Tabasco.
La agenda será la obligada: migración, seguridad, economía, con ribetes de temas de la agenda multilateral, que abordará en entrevista con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en Nueva York.
Las candidaturas no se resolvieron en definitiva, aunque todo parece indicar que quedarán vivos los candidatos más cercanos a una resolución de la cuestión migratoria, McCain del lado republicano, Clinton y Obama del demócrata, lo cual resulta una buena oportunidad para Calderón de insistir en el principal motivo de su viaje: buscar el urgente relanzamiento del debate tendiente a un acuerdo migratorio integral con México, o al menos una ley que atienda el fenómeno migratorio “de manera responsable y racional”. Relacionado con ello, y según el apunte que la Secretaría de Relaciones Exteriores entregó al Senado para pedirle la autorización del viaje, Calderón también hará un exhorto a actores políticos y ciudadanos de ese país para que se reconozca la aportación “insustituible” de los migrantes mexicanos y se respeten sus derechos, y dará a conocer el programa especial de protección consular, que contempla mayores recursos y acciones concretas por parte de la red de 48 consulados mexicanos en ese país, para defender a los connacionales de violaciones a sus derechos.
Como no podía ser menos en la difícil situación económica que se presenta a Estados Unidos, y por ende a México, el Presidente cubrirá asimismo una agenda de promoción económica.
Como contrapartida a sus planteamientos sobre el tema migratorio, donde la principal responsabilidad recae, por supuesto, del lado mexicano, Calderón lleva en su portafolio los resultados del balance general de la lucha contra el narcotráfico en los 14 meses de este gobierno, realizado (oportunamente, antes del viaje a EU) el lunes 4 de febrero por el “gabinete de seguridad”, que encabeza el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, y que da cuenta de la intercepción de grandes cantidades de droga, dinero y armas, así como de la captura de operadores, gatilleros y jefes del narcotráfico y la extradición de muchos de ellos a Estados Unidos. Mouriño declaró en esa ocasión que “debemos mejorar considerablemente la cooperación con Colombia, Centroamérica y con Estados Unidos para establecer una estrategia internacional”. Queda así establecida la fuerte aportación mexicana al combate a ese flagelo, de gran interés para Estados Unidos, en el momento en que se discute en el Congreso de ese país la inclusión de 500 millones de dólares para la Iniciativa Mérida en el presupuesto 2008 del Ejecutivo estadunidense, y otro tanto para el año siguiente.
La comunidad latina adquiere cada vez mayor importancia en Estados Unidos, y los candidatos a la presidencia están obligados a cortejarla porque representa votos significativos en esta lucha electoral tan fragmentada por cuestiones de raza y género, y en donde los electores se enfrentan a opciones inéditas: Barack Obama, un negro, relativamente joven que apuesta por “el cambio”; Hillary Clinton, una mujer, que hace énfasis en “la experiencia”; y un viejo, John McCain, con experiencia y quizá demasiado liberal para los más conservadores de su partido.
En mayo de 2005, el senador McCain, republicano, junto al demócrata Edward Kennedy, introdujo al Congreso de su país un proyecto de ley de inmigración que trataba de alcanzar un compromiso bipartidista al respecto. El proyecto, desafortunadamente, se empantanó en la política estadunidense, pero los elementos que contiene son todavía los que convienen a un arreglo “responsable y racional” de este importante tema: un programa de visas temporales para trabajadores inmigrantes, que podrían cambiar de empleo (a diferencia del Programa Bracero, que no lo permitía), podrían solicitar su estancia permanente (después de un permiso temporal de trabajo de seis años, y cinco años más de residente temporal) y a los cuales se les emitirían documentos de identidad. Una cuestión muy importante: la ley permitiría a los inmigrantes ilegalmente residentes en Estados Unidos (unos 12 millones de personas) entrar en el proceso de regularización de su estancia, la famosa “amnistía”, que no lo es en realidad pues deberían pagar una multa, entre otros duros requisitos, e ir al final de la fila.
McCain ha tenido que moderar esa posición relativamente favorable a un acuerdo migratorio para no alienarse a los electores republicanos más recalcitrantemente xenófobos. La Clinton y Obama también han debido ser prudentes en esta materia.
Entonces, sin que pretenda meterse en la política electoral de Estados Unidos, el viaje de Calderón tendrá que servir para contribuir a valorar aún más a la comunidad mexicana que vive y trabaja en ese país; para convencer a los estadunidenses que México y Estados Unidos, países orgullosamente soberanos, están de todas maneras estrechamente unidos, además de en la economía y la seguridad, en la defensa de valores comunes, entre ellos el respeto y la consideración a la persona que trabaja duro y honestamente, y que no Muro alguno debe ser levantado entre nuestros dos países.
martes, 15 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario