martes, 15 de abril de 2008

Gabinete y Programa Emergente contra la recesión

La Crónica. Viernes 18 de enero de 2008
Los nuevos nombramientos en el gabinete del presidente Calderón indican un cambio de énfasis que es necesario en esta etapa más consolidada de su gobierno. Su primer secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, contribuyó con su estilo opaco al muy importante objetivo de sacar el buey de la barranca de las encontradas reacciones a las elecciones de 2006, pero ahora con Juan Camilo Mouriño la política gubernamental deberá tomar un carácter más decisivo para las importantes negociaciones que vienen, y para dar fin a los intentos legislativos de inventar la figura de “jefe de gabinete”.
La política social requiere también replantearse, vistos los profundos desafíos que la economía mexicana tiene por delante, por lo que un experto que manejó los rubros de gasto gubernamental en el último año resultará eficaz.
En este contexto, México no se puede dar el lujo de una recesión, de que su economía no crezca o crezca poco. Que progrese al 3.3 por ciento ya es estar por debajo de las necesidades de millones de mexicanos en edad de trabajar, y crecer a menos del 3 por ciento sería una catástrofe, pero hay cada vez mayores señales de que Estados Unidos está entrando a la recesión, y de que la economía mexicana, tan estrechamente ligada a la estadunidense, sufrirá un impacto muy importante.
Para evitar eso y buscar un avance económico a tasas mayores se hacen necesarias medidas extraordinarias. El esfuerzo es, por supuesto, de toda la sociedad, pero el catalizador necesario para fijar las orientaciones generales e impulsar a todos ha de ser el gobierno, de inicio el federal, pero también en forma muy importante los estatales y municipales, que tienen, así, una gran responsabilidad enfrente.
Recuérdese que el gasto presupuestario de este 2008 se ve aumentado sensiblemente por los recursos obtenidos mediante la reforma fiscal del 2007, y, como advierte Jorge A. Chávez Presa (El Universal 17nov07), “Si el gobierno no hace mejor uso de los recursos de lo que lo estaban haciendo las personas y empresas que ahora pagarán más impuestos, el país pierde drásticamente”.
En Acapulco, esta semana, en la XII Conferencia Anual Latinoamericana del Grupo Santander, el directivo de ese banco, Francisco Luzón, aconsejó al presidente Calderón que, en caso de un “shock externo” por la recesión en Estados Unidos, “no busque estímulos heterodoxos al crecimiento”…y que “para actuar no espere a las malas noticias, adelántese y siga manteniendo la iniciativa y liderando su proceso de cambio y modernización”. Calderón respondió: “Yo comparto la idea, efectivamente, de que no hay que tomar medidas de las llamadas heterodoxas ni tampoco incurrir en la tentación de acelerar artificialmente o irresponsablemente la economía… pero no es lo mismo no tomar medidas heterodoxas que no tomar ningún tipo de medidas ante esta coyuntura”, y refirió que ya “se encienden otros motores de la economía”, entre otros la inversión en infraestructura (“el 65 por ciento de la recaudación adicional de este año se va a gasto en infraestructura del Gobierno Federal… estamos hablando de 10 mil millones de dólares adicionales al gasto en 2007, en infraestructura en carreteras, en puertos, en plantas de tratamiento de aguas residuales, en agua potable, en vías férreas”); el apoyo al campo nacional (“el Gobierno Federal, sin contar lo que hacen los estados, va a dar este año 2008 un apoyo de 204 mil millones de pesos, es decir, casi 20 mil millones de dólares a impulsar el sector rural y la parte productiva del mismo).
Podríamos agregar que el presupuesto 2008 da énfasis a la orientación social del gasto presupuestal, con recursos muy importantes para educación pública (169 mil millones de pesos), salud (68 mmp, aparte de IMSS e ISSSTE, que se llevan 272 mmp y 79 mmp, respectivamente), desarrollo social (50 mmp)
Sin embargo, aun con esos motores encendidos la amenaza más cierta de una recesión implica la necesidad de un Programa Emergente para contrarrestarla, que sería muy responsable y muy ortodoxo, como ya se está trabajando para ello en el propio Estados Unidos, país donde los efectos serán menos devastadores que en México. Dicho Programa Emergente tendría que estar muy focalizado en los grupos sociales más vulnerables pero también en aquellos sectores sociales o económicos que reciban el impacto mayor de la desaceleración económica, y de la reorientación productiva que ha de seguirle, lo que puede abarcar fracciones importantes de las clases medias.
Se trata de una redistribución del flujo de ingresos, a fin de mantener en niveles apropiados la actividad económica, el empleo y el nivel salarial de sectores afectados. Por ejemplo, habrá una disminución en la demanda de exportaciones de productos agrícolas, semi-procesados o manufacturados mexicanos, por lo que el Programa Emergente se orientaría a inyectar aún mayores recursos a la inversión pública y a las transferencias y subsidios directos en algunos casos, para que el mercado interno, los consumidores mexicanos, puedan comprar lo que ya no tenga demanda externa.
El mismo criterio habría que ser aplicado a la reducción de ingresos en servicios turísticos, por lo que habría que impulsar aún más el turismo interno mexicano.
La reducción de las importaciones será un efecto de la recesión, pero sería importante cuidar que los “encadenamientos” productivos de los mayores recursos de gasto e inversión del presupuesto 2008, y del Programa Emergente, se orientaran a fortalecer el mercado interno y no se fugaran en importaciones, que sólo crearían empleos en el exterior. Por ejemplo, que las obras de infraestructura creadas no tengan componentes excesivos de equipos o materiales importados. Habría que atender también el reordenamiento productivo que será ocasionado por una mejor aplicación del gasto público. Por ejemplo: la nueva legislación electoral reducirá sensiblemente los recursos financieros dedicados a la promoción electoral y de la imagen de gobernantes, con efectos sensibles en las actividades publicitarias. Mientras éstas encuentran un ajuste a mediano plazo, el gobierno podría canalizar recursos a campañas de “publicidad social”, muy detalladas en sus orientaciones, que aumenten la productividad global y la conciencia del bien común, como el ya muy necesario ahorro del uso de energía y del agua, el reciclado de desechos, la protección del ambiente y la biodiversidad, el uso de internet para mejorar la educación y las aplicaciones tecnológicas en muchas actividades
…Aún más, el Programa Emergente tendría un papel importante en los esfuerzos para incorporar a la economía formal a millones de mexicanos que se han tenido que dedicar a precarias actividades para obtener un sustento: Parte con orientaciones técnicas, contables, fiscales; parte con créditos blandos o con financiamientos de obras comunes como plazas, sistemas de distribución modernos. Parte, aunque es deseable que sea la mínima, con apoyos directos, como subsidios de desempleo o bonos de alimentación.
¿De dónde saldrían los recursos para un Programa Emergente, que debería alcanzar por lo menos de 15 a 20 mil millones de dólares adicionales a las inversiones ya presupuestadas? Existe un colchón financiero aprovechable en el pequeño superávit del gobierno federal, y también en el Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros y en los ingresos adicionales por las exportaciones de petróleo, fijadas en el presupuesto con un precio de 49 dólares por barril, cuando se estima que el promedio de la mezcla mexicana este año podrá ser de 80.8 dólares el barril.

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